jueves, 7 de octubre de 2010

Relaciones Conscientes II



Todos buscamos la experiencia de ser un hombre o una mujer real, de ser "adultos", lo que es otra forma de decir que buscamos lograr una intimidad emocional con nosotros mismos, con otros y con el mundo que nos encontramos. Pero, no sabemos lo que implica una experiencia como esa. Nuestro mundo moderno no nos brinda un ejemplo de lo que significa entrar en una intimidad auténtica con cualquier aspecto de nuestra experiencia de vida, mucho menos con nosotros. Conforme permanecemos como extraños a dicho encuentro, seguimos siendo niños y niñas abrigando fantasías irreales sobre lo que significa ser un "adulto". Cuando actuamos en base a estas fantasías, conseguimos un corazón roto.

INVITANDO UNA INTIMIDAD AUTÉNTICA
Existe un mundo de diferencia entre los niños y las niñas, y los hombres y las mujeres. La diferencia es esencialmente la capacidad emocional, y por lo tanto no es externamente aparente de inmediato. En la superficie los adultos podemos pretender ser un hombre o una mujer, pero cuando se aplica una prueba de intimidad, ya sea que implique intimidad con nosotros, con otro, o con lo que es Dios para nosotros, se revela inevitablemente nuestro estado de ser auténtico. La mayoría de nosotros los adultos, somos niños y niñas en un estado de pretensión. Debido a que el desarrollo de nuestro cuerpo emocional en el mundo moderno, decrece rápidamente conforme dejamos la niñez, nuestra edad emocional promedio está entre los siete y los catorce años de edad.

Una de las formas más aceleradas para superar esta condición emocional atrofiada, es buscar una experiencia auténtica de intimidad. Esto se debe a que la intimidad emocional, ser auténtico, requiere presencia, honestidad y por lo tanto vulnerabilidad.

Solo los emocionalmente maduros se permiten ser vulnerables.

Solo los emocionalmente inmaduros evitan la vulnerabilidad.

Cuando intentamos la experiencia de intimidad, nos hacemos conscientes de las áreas en nuestra experiencia en donde estamos buscando huir del encuentro, en donde no podemos ser honestos, y por lo tanto en dónde nos estamos protegiendo de la experiencia de la vulnerabilidad. Descubrir puntos de invulnerabilidad dentro de nosotros, es lo mismo que descubrir puntos de miedo, ira, y pena. También es lo mismo que descubrir áreas de nuestro cuerpo emocional que están bloqueadas y por lo tanto subdesarrolladas. Es por esto que una vez que hemos entrado a cierto nivel de trabajo interno con nosotros mismos, una vez que hemos logrado cierto nivel de intimidad con nosotros, es necesario entrar conscientemente en una relación íntima con otro ser humano.

Creer que podemos limpiar todos los aspectos de nuestro cuerpo emocional solos es ilusorio. Existe una gran cantidad de limpieza emocional que podemos lograr solos a través de usar al mundo exterior como un espejo, pero trabajar solos no puede ayudarnos a limpiar todas las grabaciones relacionadas con la experiencia de las relaciones. Existe cierto trabajo de limpieza emocional que solo sale a la luz cuando intentamos volvernos completamente vulnerables con otro ser humano. Este es el poder de una "relación consciente", esta nos ayuda a dar el siguiente paso para limpiar las barreras que existen entre nosotros y un encuentro íntimo con la vida. Entrar en una relación con otro ser humano con esta intención, es invitarnos a nosotros mismos a llegar más profundamente a la intimidad auténtica.

Una vez que somos capaces de darnos amor incondicionalmente, el siguiente paso es dar amor a otro incondicionalmente.

Este paso es crucial en nuestra evolución emocional, porque solo cuando somos capaces de dar amor incondicionalmente a otro ser humano, lo que a su vez transforma nuestras relaciones con todos los humanos, es que podemos acercarnos a Dios incondicionalmente.

Solo cuando nos acercamos a Dios incondicionalmente, es cuando entramos en una relación auténtica con lo que es Dios para nosotros.

Entrar en una relación con otro con la intención de experimentar intimidad auténtica, invita a un desarrollo emocional sustancial. La intimidad auténtica no es una experiencia que solo sucede porque lo queremos. No puede adquirirse a través de la compra, el reclamo o la demanda. La habilidad para manifestar dicho encuentro, no está determinada por la clase, el derecho de nacimiento, la cultura, la religión, la riqueza, la raza, o el estatus mundano de ningún tipo; está determinada por nuestra valentía emocional.

La habilidad para entrar en la intimidad auténtica con otro ser humano, es por lo tanto un barómetro confiable para separar a los hombres de los niños y a las mujeres de las niñas. Aunque los niños y las niñas puedan pretender ser hombres y mujeres en la forma como se manejan externamente en los aspectos mentales y físicos del mundo, a través de la proyección de su comportamiento mental y físico, su apariencia y circunstancias de vida, internamente no se puede engañar al corazón. La intimidad auténtica no puede ser fingida.

La intimidad auténtica es principalmente un estado emocional que irradia hacia nuestras experiencias mentales y físicas, no está determinada por ellas.

Igual que la experiencia de la conciencia del momento presente, es más fácil afirmar lo que no es la intimidad auténtica, que describir exactamente lo que es. Describir con demasiada claridad lo que es, alienta al cuerpo mental a asumir que existen una serie de reglas que seguir para lograr la experiencia. Solo hay lineamientos para entrar en la intimidad auténtica, la experiencia real siempre se rinde y se encuentra con, lo desconocido.

La diferencia entre los niños y las niñas, y los hombres y las mujeres, es que los niños y las niñas todavía creen que la calidad de sus relaciones tiene algo que ver con la persona con quien se relacionan. Los hombres y las mujeres saben que esto es una ilusión, y que comportarse de acuerdo a esto es ilusorio.

Los hombres y las mujeres saben que la calidad de cualquier relación a la que entran con otro, está determinada por la condición de su propio corazón.

Consideramos entrar seriamente a una relación consciente con otro, cuando ya hemos experimentado hasta cierto grado este calibre de relación con nosotros. Los niños y las niñas entran a una relación con otro, no para continuar su auto-desarrollo, sino para ocultarse de él. Su atención por lo tanto está principalmente en el otro, en "lo que estamos obteniendo de ellos". En una relación íntima auténtica, la atención está en nuestro propio corazón y en lo que estamos irradiando hacia el otro, en "lo que le estamos dando incondicionalmente al otro". En otras palabras, cuando se trata de relaciones, otro barómetro útil que diferencia a los niños y las niñas de los hombres y las mujeres, es si la intención está en "el dar" o en "el obtener".

ESPACIO Y ESTAR JUNTOS…
La intimidad auténtica requiere honestidad, porque la honestidad destruye las ilusiones que emergen de las grabaciones emocionales de nuestra niñez sobre lo que "pensamos" que es de lo que se trata una relación. Otra diferencia discernible entre niños y niñas, y hombres y mujeres, es que los hombres y las mujeres han visto destrozadas sus ilusiones infantiles sobre "enamorarse" y se sienten agradecidos por ello. Viajar hacia una intimidad auténtica requiere confrontar nuestras ilusiones personales sobre las relaciones en todos los niveles; sobre nuestra relación con nosotros mismos, con otros y con lo que Dios es para nosotros. Esto es lo que hace que la intimidad auténtica sea tan crucial en la evolución de nuestra especie. Las religiones y las disciplinas espirituales que nos niegan de cualquier forma esta experiencia, se interponen entre nosotros y la iluminación. Sin experimentar la intimidad auténtica con otro ser humano, la experiencia de la iluminación es improbable. Siempre que somos conducidos a creer que la experiencia monástica célibe es benéfica espiritualmente, estamos siendo engañados, desempoderados y distraídos de nuestro viaje hacia la Auto-realización y la realización de Dios.

La práctica del celibato, de vivir fuera de la experiencia de la intimidad física, mental y emocional con otro ser humano, solo es parte del viaje interno, no es "el viaje". Vivir monásticamente es necesario, para que podamos adquirir un sentido de nuestra propia energía, nuestro propio Ser. No podemos obtener un sentido claro del Ser si estamos enmarañados dentro de nuestra unidad familiar de nacimiento, ni podemos lograr esto cuando nos salimos de nuestra experiencia familiar y nos dirigimos directamente hacia una experiencia de relación con otro.

Es altamente benéfico y necesario vivir monásticamente en un estado de celibato durante un periodo de nuestra vida, para que podamos obtener un sentido del ser auténtico.

Durante una experiencia de celibato transicional, es cuando entramos, exploramos y establecemos una relación auténtica con nosotros. Cuando entramos a una relación física con otro, sin habernos dado primero una oportunidad de obtener "un sentido del Ser", inevitablemente nos perdemos completamente dentro de "la relación". "La relación" entonces se convierte en todo para nosotros. En consecuencia, reaccionamos al confinamiento de este predicamento "buscando espacio". Tener un sentido personal del espacio solo es posible cuando tenemos un sentido del Ser, de nuestra propia energía, de lo que se siente estar en el mundo emocionalmente desapegado de otros. Idealmente, esta experiencia de celibato, con la intención de obtener un "sentido del Ser" tangible, debe establecerse y mantenerse durante un periodo razonable de tiempo antes de entrar en una relación íntima física, mental y emocionalmente con otro.

Un hombre y una mujer le dan espacio a la relación entre ellos, mientras que un niño y una niña, cuando se relacionan entre sí, inevitablemente terminan necesitando espacio del otro.

Vivir a través de un periodo de celibato auto-inducido es "la práctica de reconocer y mantener la atmósfera de espacio dentro del propio Ser, para tener la capacidad de llevar esta experiencia de espacio hacia todos los otros encuentros". Este sentido de espacio interno entonces se lleva hacia una relación íntima iniciada conscientemente con otro, y es lo que le da a dicha relación espacio para respirar.

"El espacio" es lo que le da vida a la intimidad, no el estar juntos.

No es posible una relación íntima con otro ser humano, si seguimos entreteniendo las ilusiones grabadas dentro de nosotros por nuestros padres, cultura, religiones, política y sistemas económicos. Una de esas ilusiones es que podemos usar una relación como un medio para "estar juntos". Sin embargo, cualquiera que se ha tomado tiempo para explorar una relación consigo mismo, sabe bien que nuestro estado de ser no se genera externamente; es una experiencia interna que está determinada por la condición del mundo interno. Primero tenemos que alcanzar la maestría de estar con nosotros, antes de poder estar auténticamente con otro. Si no logramos esa maestría antes de entrar a una relación, asumiremos que "estar juntos" se logra a través de las cosas que "hacemos". Nuestra relación por lo tanto no será un estado de "estar con el otro", sino que será caracterizado por "algo que hacemos cuando estamos juntos". Entonces creeremos erróneamente que casarse y tener hijos le agregará algo a nuestra relación. En consecuencia, cuando sea que encontremos obstáculos en nuestra relación nos preguntaremos, "¿Qué podemos hacer para arreglar nuestros problemas?" Definiremos la salud de nuestra relación en base a "lo que hacemos juntos y qué tanto hacemos juntos".

Si no hemos establecido un sentido del Ser, un sentido de espacio personal, entonces cuando sea que el espacio busque entrar a nuestra experiencia de relación, asumiremos que "algo está mal".

Diremos, "has estado callado/a… ¿hay algo malo?" O, "No hemos hecho nada juntos en un tiempo… ¿está pasando algo malo?" Bajo dichas condiciones nuestros haceres son necesarios para llenar cualquier espacio vacío que entre a la relación. Una vez que nos aburrimos de nuestros haceres, y el espacio empieza a entrar en estos momentos de quietud en aumento, asumiremos que la relación se terminó.

Destruir este tipo de ilusiones sobre las relaciones requiere que confrontemos los diversos aspectos de la fantasía que hemos construido alrededor del amor, el matrimonio, las relaciones, el sexo y todo lo que asociamos con tener una relación íntima con otro ser humano. Confrontar y desmantelar nuestra fantasía, es lo que nos despierta a la autenticidad.

Debemos desentrañar la ilusión sobre las relaciones del "Había una vez", para dejar ir nuestro intento inauténtico de usar las relaciones como un medio para "vivir felices para siempre".

EL SENDERO DE LA CONCIENCIA
Para ayudarnos a desmantelar nuestras grabaciones sobre el papel de las relaciones en nuestra evolución, es necesario volver a conocernos con el Sendero de la Conciencia, como se discute en el libro, EL PROCESO DE LA PRESENCIA.

El Sendero de la Conciencia es una herramienta conceptual que nos empodera para comprender y por lo tanto trabajar a lo largo de nuestro flujo natural de energía, conforme se mueve desde nuestro nivel vibratorio hacia y a través de nuestra experiencia emocional, mental y física.

Es precisamente porque no somos conscientes de, y por lo tanto no honramos, el camino energético natural de la conciencia que todos usamos en cada encuentro que tenemos en este mundo, que tan fácilmente aceptamos estados ilusorios como reales y como posibilidades duraderas.

Si los pilotos no comprenden las mecánicas de la aerodinámica, no es posible que vuelen un avión. Sin esta conciencia cualquier creencia que tengan en cuanto a su habilidad para pilotear una nave, estará basada en una ilusión, tal y como un niño jugando con un avión de juguete. Lo mismo aplica al paradigma de las relaciones. A menos de que comprendamos el Sendero de la Conciencia, y trabajemos conscientemente en él, nuestra intención de entrar en una relación y de experimentar intimidad auténtica está destinada a ser una fantasía. Esto se debe a que sin esta conciencia nos acercaremos a la experiencia basados en nuestra grabación y en lo que el mundo nos modela, y todo esto descansa en la ilusión. Familiarizarnos con el Sendero de la Conciencia nos despierta a las mecánicas energéticas sobre las cuales debe fluir toda relación para ser auténtica y verdaderamente íntima.

Cuando un piloto despega y aterriza existen ciertos procedimientos que deben seguirse para facilitar esta experiencia. Nuestra entada a este mundo no es diferente; cuando nacemos en este mundo nuestra conciencia se mueve deliberadamente a lo largo de un camino energético que no es aparente para nosotros de inmediato. Este Camino de Conciencia es fácilmente discernible observando el desarrollo inicial de un bebé. Cuando nace un bebé:

Primero es un ser puramente emocional.

Después comienza a usar su comportamiento emocional para comunicarse; su conciencia entra en la actividad mental.

Después comienza la participación física en su experiencia, al ser capaz de controlar conscientemente su cuerpo; alcanzando cosas y sosteniéndolas, etc.

El Sendero de la Conciencia por lo tanto se mueve desde lo emocional, a lo mental a lo físico. Este camino también es evidente conforme pasamos de la niñez a la adultez. Como niños somos principalmente seres emocionales. Alrededor de la edad de 7 años entramos entonces a la escuela e incrementamos nuestra actividad mental, en ese punto somos llamados niños y niñas. A la edad de catorce pasamos a través de una transformación física llamada pubertad y somos subsecuentemente llamados adolescentes. Esta etapa continúa hasta los 21, en dicho punto celebramos nuestra entrada a la adultez.

Podemos ver claramente que cada uno de estos ciclos de 7 años está enfocado en un aspecto diferente de nuestro desarrollo, como niños nuestro desarrollo es emocional, como niños y niñas nuestro enfoque se vuelve incrementalmente mental, y como adolescentes nuestro enfoque se vuelve más físicamente orientado. El Sendero de la Conciencia nuevamente se mueve desde lo emocional a lo mental a lo físico.

El Sendero de la Conciencia es evidente en todas nuestras actividades seamos conscientes de ello o no. Cuando tenemos muy poca conciencia de nuestro cuerpo emocional o ninguna, nuestra atención por lo general solo está consciente de nuestra participación mental y física dentro de este camino. Por ejemplo, podemos ver un vestido colgado en el aparador de una tienda, que magnéticamente atrae nuestra atención. Esto puede parecer inicialmente que queremos el vestido por cómo se ve, por los aspectos físicos de la experiencia. Sin embargo, si somos capaces de revisar con nosotros emocionalmente, descubriremos que nuestra atracción por el vestido se deriva de "un sentimiento"; por la forma en que creemos que dicho vestido nos permitirá sentir. Debido a que el cuerpo emocional es el punto causal del Sendero de la Conciencia conforme entramos e interactuamos con este mundo, el contenido emocional de la experiencia es siempre el punto causal seamos o no conscientes de ello. Cuando vemos el vestido primero albergamos una ilusión de cómo nos hará sentir (emocional), después calculamos cómo lo vamos a adquirir (mental), y solo entonces lo compramos y lo usamos (físico). Entonces, el simple hecho de adquirir un vestido honra obedientemente el viaje a lo largo de este camino desde lo emocional a lo mental a lo físico.

Desde el punto de comprarlo viajamos a lo largo del Sendero de la Conciencia otra vez: Si usamos el vestido y la reacción de otros no es lo que deseamos, si no nos permite sentirnos bien cuando lo usamos en público, entonces mentalmente decidimos que no es apropiado, físicamente nos lo quitamos, lo colocamos en el cajón y pretendemos que no existe más.

Esta obediencia hacia el Sendero de la Conciencia aplica igualmente a comprar un auto, obtener "ese" trabajo, tener "esos" amigos, y por supuesto, encontrar "al indicado" de quien nos vamos "a enamorar", con quien nos vamos a casar y a "vivir felices para siempre". Todos esos movimientos de nuestra conciencia viajan a lo largo de este Sendero de la Conciencia. Ahora examinemos este movimiento de energía en la luz de lo que hemos llamado "enamorarse".

Cuando todavía somos niños y niñas emocionalmente, y nos encontramos atraídos hacia alguien hasta el punto en el que creemos que "es el indicado o indicada", lo que realmente estamos diciendo es: "Esta es la persona que puede satisfacer mis necesidades y deseos por mi y que puede hacer por mi lo que yo no estoy suficientemente maduro para hacer por mi mismo."

Todo romance, toda atracción repentina por otro ser humano, sin importar como disfracemos las circunstancias con "Hollywood", es una experiencia que está dirigida inconscientemente, y una que solo se despierta dentro de nosotros cuando descubrimos nuestro propio estado incompleto reflejado en el otro. El punto causal de este impulso repentino de "pasión" proviene siempre de una insuficiencia en nuestro propio cuerpo emocional. Usualmente, debido a que no tenemos una conciencia de nuestro cuerpo emocional, y debido a que estamos paralizados físicamente por el mundo, creemos que estamos siendo atraídos por la belleza física del otro. Sin embargo, de la misma forma que con el vestido o con el auto, nos sentimos tan atraídos por la forma en que nos hacen sentir, o la forma que pensamos que podemos sentir en relación a alguien como ellos.

Lo que realmente estamos diciendo cuando exclamamos, "¡He encontrado a alguien que me hace feliz!" es que hemos encontrado a alguien que refleja los asuntos que tenemos que resolver dentro de nosotros, con el fin de llevar a nuestro cuerpo emocional al equilibrio.

Desafortunadamente, debido a que carecemos de una conciencia del cuerpo emocional, ni siquiera nos acercamos a darnos cuenta de la realidad de esto. En consecuencia, entramos a la danza inconsciente llamada "romance" creyendo que nos estamos dirigiendo hacia un experiencia llamada "felicidad". Inevitablemente, las mismas características que nos atrajeron inicialmente a esta persona, pocos días después de la ceremonia de matrimonio, son los mismos atributos que comienzan a volvernos locos.

Este es el predicamento inevitable de todos los que se lanzan de cabeza e inconscientemente a lo largo del Sendero de la Conciencia, hacia cualquiera que refleje sus asuntos emocionales desintegrados. Este comportamiento inconsciente e ignorantemente dichoso, es el fundamento de todo romance. El romance es inconsciente por naturaleza, una danza embriagadora que termina con una cruda emocional la mañana después de la boda.

Entre más nos eduquemos sobre el Sendero de la Conciencia, más conciencia llevaremos al punto causal de nuestro comportamiento – lo que significa familiarizarse con la condición de nuestro cuerpo emocional – y menos probable será que bailemos hacia los brazos de otra relación fantasma.

Cuando somos llevados hacia una relación con otro ser humano sobre las alas de la pasión, estamos entrando en una relación inconsciente, en donde la posibilidad para experimentar la intimidad auténtica es improbable. Podemos tener encuentros breves con ella, como un sabor de dicha temporal que se tiene cuando somos introducidos a un nuevo narcótico, pero este gusto se amargará y lo perseguiremos en vano hacia los corredores sin salida de la desilusión y la angustia. Debido a que hemos entrado a la relación inconscientemente, lo habremos hecho como "un medio para satisfacer nuestras necesidades y deseos"; lo habremos hecho en un intento por "obtener algo" del otro. Todos nuestros barómetros para tener éxito en este tipo de relaciones estarán basados por lo tanto en las actividades y en los logros físicos, como casarse, tener hijos, comprar una "buena" casa, vivir en una zona aceptable, tener los amigos adecuados, establecernos en la carrera correcta, etc.

En otras palabras, la intención de una relación inconsciente tiene mucho que ver con movernos a través del Sendero de la Conciencia desde lo emocional, a lo mental a lo físico; la relación es un medio por el cual nos establecemos físicamente en el mundo. Nuestra relación por lo tanto solo durará y se sentirá satisfactoria de acuerdo con nuestra habilidad para lograr esos parámetros físicos. Si, por alguna razón, prevalecen las circunstancias que impiden nuestros intentos, la relación comenzará a desmantelarse automáticamente. Debido a que no hay amor real en una relación inconsciente, las cosas, el estatus, el éxito externo, son todo lo que importa. A menos de que pueda mantenerse este enfoque de cuento de "vivieron felices para siempre", la relación entra en peligro.

Esto nuevamente es un carácter de definición crucial que separa a las relaciones conscientes de las inconscientes, o a los niños y niñas de los hombres y las mujeres; los niños y niñas necesitan juguetes y cosas, muñecas y carros, palmadas en la espalda y premios, para mantener su casita de juguete andando. Si estos juguetes y gustos no están presentes, se termina la diversión y nadie quiere jugar "a la casita" nunca más.

Los hombres y las mujeres que entran a relaciones conscientes con la intención de explorar la intimidad auténtica no requieren apoyos externos.

La razón para esto es porque una relación consciente no tiene que ver con llevar el Sendero de la Conciencia hacia niveles más agudos de externalización; tiene que ver con invertirlo. Cuando sea que buscamos acercarnos a nosotros mismos o a lo que es Dios para nosotros, automáticamente invertimos el Sendero de la Conciencia. Un niño que reza es un buen ejemplo de esto: Cuando un niño reza primero se hinca y junta sus manos (físico), después dice su oración (mental), y estas palabras inician una profundidad de sentimiento (emocional) en aquellos que lo escuchan. Su acto de orar está invirtiendo automáticamente el Sendero de la Conciencia y por lo tanto está moviendo la energía desde lo físico, hacia lo mental, hacia lo emocional.

La misma reversión de energía se atestigua en las prácticas de meditación: Primero nos enseñan a quedaron quietos en una postura (físico), después se nos da un mantra para enfocar nuestros pensamientos (mental), y después a través del compromiso intentamos activar sentimientos de amor y devoción (emocional). Los aspectos físicos y mentales de la oración y la meditación, sirven para mover nuestra atención a lo largo del Sendero de la Conciencia, hacia el punto causal de nuestra experiencia en este mundo, lo emocional o el corazón, y es solo cuando activamos esta parte de la experiencia, que se convierte en una experiencia real y transformadora para nosotros. Solo cuando entramos al "corazón de la materia" somos capaces de iniciar una experiencia vibratoria auténtica (espiritual). La oración o la meditación sin el sentimiento son algo mecánico y no logran nada de sustancia. Esto se debe a que nuestra esencia, o nuestra conexión con lo que Dios es para nosotros, no puede ser experimentada a través de las circunstancias físicas o la actividad mental solamente; requiere del componente del "sentimiento" para que perciba e interactúe con el atributo vibratorio de nuestro Ser. Es a través del corazón que llegamos a conocernos y a lo que Dios es para nosotros, porque es a través del corazón que entramos en una conciencia del reino vibratorio. El reino vibratorio no puede ser conocido a través del pensamiento o de las circunstancias físicas solamente, debe ser buscado por medio de un movimiento desde lo físico, a través de lo mental, y luego hacia y a través del cuerpo del sentimiento para ser percibido auténticamente.

El cuerpo del sentimiento, el corazón, es el portal hacia la conciencia vibratoria.

Cuando entramos a una relación consciente con otro, esta también debe ser nuestra intención: Que "la relación" sea un vehículo para facilitarnos revertir conscientemente, la dirección en la que nuestra conciencia se mueve a través del Sendero de la Conciencia. No buscamos una intimidad auténtica como un medio para exteriorizarnos más en lo físico; la ejercemos conscientemente como un medio para mover nuestra conciencia desde lo físico, a través de lo mental, y hacia lo emocional, con la intención de abrazar lo vibratorio en la experiencia. Por lo tanto las casas, los autos, el matrimonio, los hijos, el estatus, los vecinos adecuados, y posición social apropiada, no tienen absolutamente nada que ver con la "relación". Estas experiencias externas pueden ir y venir como las estaciones, pero no determinan la estructura de una relación consciente; solo "nuestro nivel de presencia entre los dos" lo logra; Y, todo esto está determinado no por la otra persona, sino por la profundidad de nuestra relación con nuestro propio corazón.

Entrar a una relación con alguien para revertir conscientemente nuestro movimiento a lo largo del Sendero de la Conciencia, para que nuestra conciencia se ancle en el punto causal de nuestra experiencia, es la intención de los hombres y las mujeres. Los niños y las niñas no tienen ningún interés en cosas así; su enfoque está en los juguetes y en satisfacer sus necesidades y deseos a través de "mamá y papá" – o quien sea que puedan seducir para que juegue esos roles para ellos.

RITOS DE PASAJE
En esta edad civilizada nuestro viaje a través y a lo largo del Camino de la Conciencia desde la niñez hacia la madurez, se desarrolla inconscientemente. Sin embargo, esto no siempre fue así. Hubo un tiempo en nuestra experiencia humana cuando las comunidades reconocían este camino energético y sus puntos de transición con procedimientos delibrados llamados "ritos de pasaje".

Un rito de pasaje es un procedimiento integrador conscientemente iniciado y facilitado, que nos empodera para pasar de un estado de ser a otro.

"Las Ceremonias de Nombre" solían ser parte de nuestra experiencia evolutiva cuando todavía vivíamos en comunidad entre nosotros. Estas servían como un rito de pasaje importante para marcar colectivamente y para reconocer el movimiento de un individuo a lo largo del Camino de la Conciencia desde la niñez hasta la edad adulta. Cuando nacía un niño se le daba un nombre basado en las circunstancias en las que entraba a este mundo. Si el niño llegaba a este mundo gritando y pateando, o emanando tranquilidad, este comportamiento sería registrado subsecuentemente y se reflejaba en el nombre. Si el niño nacía en condiciones climáticas inusuales, esto también sería reflejado en el nombre. De esta forma el evento de la llegada del niño era reconocido como inseparable del ambiente y las circunstancias en las que nacía.

A la edad de siete años se le daba al niño un nuevo nombre; un nombre tomado tras la observación de su comportamiento como un ser emocional, un nombre para marcar su transición de "infante" a "niño o niña joven". Este nombre también marcaría un cambio en la forma en la que este individuo participaba dentro de la comunidad. Al ser reconocido ahora como un "niño joven", se requería que entrara a un estado más profundo y consciente de aprendizaje sobre su cultura a través de los ancianos. Las historias que se le narraban tomarían una estructura más práctica; su contenido ahora tenía la intención de desarrollar las capacidades mentales del individuo.

A la edad de 14 años el niño o niña haría entonces la transición por medio de otra ceremonia de nombre, hacia la experiencia de convertirse en "un hombre o mujer joven", o un adolescente como se llama a esta etapa en nuestra sociedad hoy en día. Este nombre recién otorgado reflejaría sus dones y talentos, con la intención de extraer el potencial de su futura contribución a la comunidad. Esta ceremonia de nombre también marcaría un incremento en su responsabilidad física dentro de la comunidad. La ceremonia de nombre final tomaría lugar alrededor de los 21 años. Durante esta ocasión se les daría el nombre que llevarían por el resto de sus días, serían considerados totalmente como hombres y mujeres, y comenzarían a hacer el viaje a través de la vida, que tenía la intención de llevarlos al estatus respetado de "Anciano".

Los ritos de pasaje como este, aseguraban que todos los individuos que entraran a este mundo, viajaran conscientemente sobre El Camino de la Conciencia de forma que los despertara hacia su potencial individual y los integrara física, mental y emocionalmente dentro de sus comunidades. Esto los empoderaba para apreciar sus características únicas y para sentirse íntimamente parte de su mundo.

Hoy la mayoría de las comunidades ya no tienen ritos de pasaje conscientes. Subsecuentemente, viajamos el Camino de la Conciencia en forma inconsciente, sin comprender nuestro lugar en el mundo, no podemos integrar nuestras experiencias internas y externas, y no sabemos, ni tenemos la oportunidad, para expresar plenamente nuestro potencial. En consecuencia, nos sentimos perdidos en un mundo que parece no tener ningún significado. En esta edad moderna parecería que tenemos muchos, muchos pasajes para elegir, y así creemos que somos libres, liberados y avanzados, pero no lo somos. Sin ritos de pasaje conscientemente iniciados para guiarnos a lo largo del Camino de la Conciencia, nos quedamos aprisionados conceptualmente en pasajes ilusorios que no conducen a ninguna parte. Ahora entramos a pasajes de cambio basados en la gratificación instantánea. Estos caminos conceptuales, como en lo que se ha convertido la institución del matrimonio en estos días, no están construidos con la intención de llevarnos hacia la experiencia de la madurez auténtica como hombres y mujeres, sino para consentir las necesidades no integradas y los deseos de los humanos emocionalmente atrofiados, a quienes no se les ha facilitado la forma para crecer conscientemente.

Aunque ya no tenemos ritos de pasaje, todavía buscamos instintivamente estas experiencias. Sin embargo, ahora entramos en ellos inconscientemente. En consecuencia, en lugar de a ser creativos e integrativos, se han convertido en destructivos y por lo tanto en el fruto de la desintegración. Permítanos examinar dos formas en las que ocurre esto:

Cuando funcionábamos en comunidad, a los jóvenes de alrededor de 14 años, cuando se les conducía a través de su experiencia de pubertad, se les marcaban sus cuerpos de alguna forma para reconocer la parte física de este momento de transición. Ahora los adolescentes se hacen perforaciones para colocar adornos y se tatúan, en un intento por lograr este rito de pasaje. Sin embargo, sin la guía de los Ancianos a través de este rito de pasaje, estas prácticas se vuelven afirmaciones reactivas, en lugar de rituales responsivos. Se vuelven adictivas en lugar de constructivas.

Cuando funcionábamos como comunidad, los hombres y mujeres jóvenes de 21 años eran dirigidos hacia la madurez, guiados por los Ancianos que les daban plantas psicoactivas medicinales. Esta experiencia los empoderaba para entrar en estados expandidos de conciencia, que destruían los límites de la conciencia individual, para que el nacimiento a la adultez pudiera sentirse en la experiencia y conocieran su presencia como "una parte integral del todo". Esto también facilitaba una conexión consciente con "los ancestros", o a lo que ahora nos referimos como el reino vibratorio. Hoy este rito de pasaje ha degenerado en comprar un barril de cerveza, fumar alguna hierba, y quedarse ciegos de borrachos en el cumpleaños número 21 de alguien.

Hoy todavía honramos El Camino de la Conciencia, pero lo hacemos inconscientemente y por lo tanto, en forma destructiva. Al desmantelar, destruir y desacreditar las prácticas de los ritos antiguos de pasaje, y al hipnotizarnos en la creencia de que estos antiguos procedimientos eran incivilizados, primitivos, infructuosos, sacrílegos e innecesarios, hemos caído presa de las ilusiones instiladas en nosotros por las religiones, la política y los sistemas económicos. Los ritos de pasaje que servían para facilitar nuestra evolución hacia estados integrados del ser, son ahora remplazados por conductos sociales ilusorios, que tienen la intención de condicionar y preparar al individuo para entrar a las instituciones de educación, matrimonio, la conciencia de separación de la unidad familiar, y la profesión de vida, con la promesa eventual de la recompensa en la línea de meta. Todos estos ritos de pasaje y los corredores en los que gobiernan nuestra conciencia, son experiencias ilusorias, en compartimentos, fragmentadas, que sirven deliberadamente para transformar seres humanos únicos, en forraje predecible para la línea de producción de la mentalidad de las ganancias. Estos se han convertido en "ritos de ganancia".

En el corazón mismo de esta ilusión está la institución llamada "matrimonio" y la trampa hacia este corredor ilusorio es el cuento de hadas alrededor de "enamorarse". Al abrazar esta idea, al perseguir esta fantasía, y al entretener esta seducción hipnótica de "enamorarse y vivir felices para siempre" como algo con sustancia, destruimos automáticamente la posibilidad de experimentar intimidad auténtica con nosotros, otro y con la vida. Al "enamorarnos" entramos a un corredor que conduce solo a la disolución, el desengaño y la desesperación silenciosa. Hasta que podamos ver esto por lo que es, permanecemos siendo niños y niñas. En el momento en que nos damos cuenta de que esto no es nada más que un cuento de hadas, estamos listos para convertirnos en hombres y mujeres.

El matrimonio es una fantasía que solo es atractiva para los niños y las niñas.

Los hombres y las mujeres pueden ver a través de la trampa.

La creencia de que el matrimonio puede contribuir en cualquier forma a nuestro nivel de intimidad con otro ser humano, es ilusorio.

Si realmente amáramos a alguien lo último que haríamos es casarnos con él/ella. El matrimonio en estos días y esta edad, está diseñado para destruir cualquier semblanza de relación significativa. Es una herramienta que sirve solo a agendas políticas, económicas y religiosas. Es una forma para organizar y arrear seres humanos hacia la mentalidad de borregos. Se ganan billones de dólares al año a través de esta ilusión. Es una infraestructura social diseñada para reproducir, entrenar y proveer programas orgánicos a la infraestructura política que dirige el planeta. Mantiene un sistema de educación que no le enseña nada sobre la vida a los humanos, que no sea todo lo relacionado con ganarse la vida. Previene a los individuos, en una edad crucial cuando la energía y la curiosidad están exaltadas, de entrar en la auto-exploración. No es nada más que un mecanismo fotostático que intenta mantener a la humanidad en pilas arregladas predecibles. No tiene nada que ver con iniciar una relación consciente, auténtica, o íntima entre dos seres humanos. El matrimonio abordado a través del corredor de la pasión romántica, asesina la conciencia, la autenticidad, la intimidad y es el clavo en el cofre que entierra el amor. El matrimonio como un rito de pasaje en estos días y esta edad, conduce solo a la desilusión, la disolución, y la desesperación silenciosa.

EL CUENTO DE HADAS…
En este mundo moderno la mayoría de los que nos hacemos llamar adultos, somos internamente todavía niños y niñas. Esto es difícil de admitir, porque queremos aparentar desesperadamente que somos "adultos". Asumimos que debido a que tenemos cuerpos adultos, que estamos casados, trabajamos en grandes corporaciones, ganamos sueldos considerables, les decimos a otros qué hacer, tenemos nuestras propias casa y autos, somos "adultos". Nada está más lejos de la verdad. Solo cuando podemos vernos por lo que somos y lo admitimos, es que somos capaces de madurar nuestro predicamento emocional. La negación de nuestra condición emocional actual no logra nada más que una pretensión continua. Se le escucha a los niños decir "vamos a jugar a pretender que" Mientras seguimos pretendiendo que somos algo que no somos, seguimos siendo niños y niñas. No somos adultos hasta que tomamos plena responsabilidad por la cualidad de nuestra experiencia, y por lo tanto por la condición de nuestro cuerpo emocional.

Ser emocionalmente inmaduros no es una enfermedad, ni lo es el resultado de haber hecho algo equivocado; es la consecuencia natural de vivir en un mundo que no valora, y por lo tanto no apoya, el desarrollo emocional como un atributo necesario en la salud de su población.

Estar emocionalmente atrofiados es la consecuencia natural de ser un ser humano en estos días. Toda supresión deliberada del cuerpo emocional la lleva a cabo el impotente emocional, los niños y niñas en el jardín de infantes de la humanidad. Esto no lo hace aceptable, ni puede usarse esta condición como una excusa para culpar a otro por nuestra experiencia. La realidad es que las instituciones del mundo no valor y apoyan el desarrollo emocional, porque este aspecto de nuestra evolución tiene que ser generado internamente. No podemos madurar emocionalmente porque "lo necesitamos o lo queremos"; solo podemos entrar a una evolución emocional auténtica porque "lo elegimos". La evolución emocional, para que sea real y por lo tanto duradera, debe buscarse como una respuesta a nuestro corazón, no como una reacción al mundo. Si, pueden impedirnos saber esto, pero el hecho es que aquellos que se comportan de esta manera, solo lo hacen porque no están emocionalmente desarrollados. Culpar a una serpiente por comer polluelos en un nido porque tiene hambre es inútil.

En esta discusión en la búsqueda por intimidad auténtica, lo que nos clasifica como "un niño" o "una niña" es que emocionalmente no hemos crecido. Los niños y las niñas son seres humanos que ya no son infantes, pero que todavía no se han convertido en hombres y mujeres. Convertirse en un hombre o una mujer, no tiene nada que ver con el logro mental o el desarrollo corporal físico.

Convertirse en un hombre o mujer real, es una consecuencia de la evolución emocional auto-determinada.

La mayor parte de nuestro planeta está dirigido por niños y niñas satisfaciendo los caprichos de la madurez emocional de niños y niñas. Debido a que ponemos demasiado énfasis en la habilidad mental o física, asumimos erróneamente que la brillantez mental y la destreza física tienen algo que ver con la inteligencia adulta auténtica. La arena de la política es la evidencia de esta creencia equivocada. Esta suposición es un grave error. La inteligencia, estar integrados, debe tener a la madurez emocional como su punto causal. Ser listos o ingeniosos no nos hace inteligentes. La inteligencia, para ser auténtica, tiene que nacer en el corazón, en el cuerpo emocional, e irradiar a lo largo del Camino de la Conciencia hacia nuestras experiencias mental y física. Las actividades mentales y físicas desprovistas de madurez emocional no pueden ser definidas como inteligentes.

La historia es un mapa de la estela dejada por el impotente emocional. Todas las guerras, ya sea que las percibamos como instigaciones religiosas, políticas o económicas, son iniciadas por niños y niñas. Todo crimen y acto destructivo de anarquía que causa dolor y sufrimiento a otros, es cometido por niños y niñas. Todos los actos carentes de consecuencia de conciencia son cometidos por niños y niñas. Todas las organizaciones religiosas tradicionales, intolerantes de otras creencias, están fundadas y mantenidas por niños y niñas. Todas las actividades comerciales que causan daño a la vida en la tierra, son dirigidas por niños y niñas. Toda acumulación por el hecho de acumular es perpetrada por niños y niñas.

Emocionalmente, un niño y una niña es un ser humano que todavía depende de sus padres (o de otros a quienes han convertido en arquetipos paternos) para que satisfagan sus necesidades y deseos. Un niño todavía necesita una palmada en la espalda y una niña todavía necesita que le digan que se ve bonita, o viceversa. Niños son todos los que todavía necesitan que alguien les diga qué hacer, cuándo hacerlo, cómo hacerlo y que les califique qué tan bien lo hicieron. Esta necesidad de validación externa sobre la experiencia propia, provienen de una incapacidad de darnos a nosotros mismos esta calidad en el apoyo emocional.

Cuando nuestro comportamiento todavía está dirigido por la necesidad y el deseo de validación externa, todavía estamos en la etapa del niño y la niña en nuestro desarrollo emocional.

La causa de nuestra insuficiencia emocional, como ya lo discutimos, está en parte relacionada con el hecho de no haber experimentado ningún rito de pasaje auténtico hacia la adultez. Sin la guía que nos facilitara el paso a través de estos ritos de pasaje, estamos mal equipados emocionalmente para hacer elecciones que nos conduzcan a lo largo de corredores que promuevan el auto-desarrollo y por lo tanto la evolución. Somos por tanto vulnerables a seleccionar los pasajes que nos presentan, que detonas nuestro interés a través de su promesa de "cuidar de nosotros". Somos guiados hacia estos pasajes a través de nuestras necesidades y deseos no resueltos y no por nuestra intención de evolucionar. Somos atraídos automáticamente a corredores que nos prometen cosas, apoyo y felicidad. Hasta que conscientemente nos proponemos resolver nuestros estados emocionales no integrados, que ocasionan que seamos dirigidos no por lo que nos sirve, sino por nuestra necesidad y deseo, permanecemos atraídos a entrar a pasajes que no son más que cuentos de hadas.

Así que este es otro barómetro con el cual discernir si todavía somos emocionalmente "un niño" o "una niña": nuestra propensión a comprarnos el cuento de hadas de "vivir felices para siempre". Este cuento de hadas insidioso es el mismo para todos en el mundo moderno. Tiene pasos predeterminados que, si se siguen, prometen felicidad perfecta:

El Programa de 12 Pasos para "Vivir Felices Para Siempre":

- Terminar la escuela.

- Ir a la universidad.

- Enamorarse de una persona guapa/hermosa.

- Casarse.

- Iniciar una carrera profesional.

- Comprar una casa en un área adecuada (más un auto nuevo).

- Tener hijos.

- Obtener una promoción en el trabajo.

- Inscribir a los hijos en buenas escuelas.

- Retirarse rico, saludable y feliz.

- Ver a los hijos casados con parejas guapas/hermosas.

- Observar atardeceres con los nietos sobre la rodilla.

La búsqueda del "niño y la niña" es la creación de una familia perfecta, la carrera perfecta, y el futuro perfecto. La palabra "perfecto" es importante en todos los cuentos de hadas. El éxito de toda esta ilusión depende de la institución de "enamorarse y casarse" como el rito de pasaje necesario y apropiado, el paso que abre la puerta hacia esta tierra de fantasía. Sin embargo, este cuento de hadas no tiene sustancia. No tiene sustancia porque sin importar lo que el mundo nos imponga como un barómetro del éxito, el corazón no puede ser engañado.

Podemos perseguir este cuento de hadas testarudamente, a pesar de toda la evidencia de que no estamos cosechando todas las promesas de la felicidad eterna, y esto lo hacemos los humanos voluntariamente. Esto se debe a que no han sido abiertos otros corredores para nuestro desarrollo. Los pasajes que no se someten a este mapa socialmente aceptable, son percibidos como excepciones a la regla, riesgosos, ilusiones e improductivos. Cuando seguimos siendo niños y niñas emocionalmente, tenemos miedo de salirnos del juego porque no existe un apoyo externo para dicho comportamiento. "Enamorarse y casarse" es algo aceptado y apoyado por todos y por lo tanto es el pasaje que elegimos.

Afortunadamente, está sucediendo un cambio importante en la alcoba; el cuento de hadas se está rompiendo en pedazos. El matrimonio ha sido durante generaciones el clavo de ataúd para la ilusión de "enamorarse y vivir felices para siempre", y ahora muchos ya no tienen miedo de reconocer esto. Conforme nuestra familia humana despierta del estado de sueño de estas ilusiones, que es lo que nos está pasando a todos nosotros, la motivación para establecer y mantener dicha fantasía se está volviendo cada vez más difícil de mantener. Esto se ve en el rango creciente de divorcios, las familias con padres solteros, y personas que están eligiendo una carrera en lugar del matrimonio. Se está volviendo claro que el mapa de experiencia de vida que las generaciones pasadas aceptaron automáticamente, ya no es el "el pasaje correcto"; ¡no conduce a ningún lado!

Pero sin otra avenida para expresar nuestro dese innato de intimidad con otro, seguimos recorriendo este mismo corredor, solo que en una forma diferente:

- Vivimos juntos, pero no nos casamos.

- Tenemos muchas relaciones, pero evitamos cualquier compromiso serio.

- Hacemos intercambio de esposo o esposa, y exploramos las citas por internet.

- Nos volvemos célibes.

Pero, nada de esto lleva a nuestra conciencia hacia la experiencia que está buscando verdaderamente. Como niños y niñas, no sabemos qué es realmente lo que estamos buscando, mucho menos tenemos idea de cómo manifestarlo.

ELIGIENDO CRECER
Ya sea que elijamos el pasaje convencional que se nos ha presentado como un mapa para la felicidad, que prescribe "enamorarse y casarse" como la llave para la felicidad, o rechacemos esto y en su lugar contemplemos comportamientos en las relaciones que no son ortodoxos, seguimos buscando la intimidad auténtica de una forma u otra. Esto se debe a que la motivación para experimentar intimidad con otro, es una parte crucial de nuestra evolución. Pero, como no tomamos responsabilidad por nuestra propia condición emocional (eligiendo crecer emocionalmente), dichos esfuerzos permanecen como auto-destructivos y solo conducen hacia el miedo, la ira y el dolor. Siguen dependiendo de la pasión inconsciente, la gratificación instantánea y el egoísmo infantil. Subsecuentemente, a diferencia de los ritos de pasaje auténticos, se convierten en corredores hacia la inconsciencia, la fragmentación y el estancamiento.

El primer paso en la búsqueda del crecimiento, es hacernos conscientes de que nuestra motivación para entrar en corredores que no conducen a ningún lado, proviene de nuestra condición emocional no resuelta, y que hasta que no hagamos el trabajo interno para restaurar el equilibrio con nuestro propio corazón, permanecemos susceptibles a ser disparados hacia la búsqueda externa desesperada de objetos de utilería y medios ilusorios de apoyo.

Tenemos que comprometernos a convertirnos en nuestro propio medio de apoyo, para que no entremos a la experiencia de una relación, como un medio para que otro nos cargue.

Estar subdesarrollados emocionalmente no es un crimen; es un predicamento del planeta tierra. Existen muchos, muchos factores que contribuyen a este predicamento. Algunos son:

Estamos insatisfechos emocionalmente, porque nacimos en un mundo de padres emocionalmente insatisfechos.

No recibimos amor incondicional, porque nuestros padres no lo recibieron, y por lo tanto no pueden modelar un ejemplo para nosotros de lo que sería una experiencia así.

Nuestros padres se compraron la ilusión de que el matrimonio era un rito de pasaje hacia la felicidad, y después dudosamente nos la vendieron.

Nuestros padres pertenecen a una generación que se casó antes de adquirir un sentido auténtico del Ser, por lo que no había posibilidad de que modelaran para nosotros la necesidad de lograr dicho estado.

Debido a que nuestros padres no podían ver sus Seres auténticos, no podían ni ver ni valorar esto en nosotros; todo lo que veían era aquello en lo que querían que nos convirtiéramos, que necesitaban para poder sentirse satisfechos.

Al ser testigos de su comportamiento necesitado y deseoso, lo emulamos; nos hipnotizamos con la suposición de que "el amor es algo que tenemos que obtener de otro". Observamos a nuestros padres intentando obtener amor uno del otro, y nosotros a la vez intentamos obtener amor de ellos.

Nuestros padres, motivados por sus necesidades y deseos no resueltos, trataron incluso de obtener amor de nosotros. Si, nuestros padres nos trajeron al mundo pensando que esta era una forma para obtener amor. Debido a que el amor solo puede ser dado, no obtenido, todos los involucrados en esta danza inconsciente y emocionalmente inmadura, permanecen necesitados y deseos, amargados y desilusionados.

Pocos padres lo admiten, pero culpan a sus hijos por arruinar el cuento de hadas al que estaban entrando, la vida "feliz" que el mundo les prometió a través del camino del matrimonio.

La mayoría de los padres en este mundo, todavía son niños y niñas, y los niños y las niñas no están emocionalmente listos para casarse, mucho menos para educar hijos.

Todos estos factores impactan la condición de nuestro cuerpo emocional, manifestando circunstancias energéticas que parecen comportamientos necesitados y deseosos. Para el momento en el que cumplimos siete años de edad, este comportamiento necesitado y deseoso se vuelve parte de nosotros, hasta el punto en que pace normal. Pero, esto es locura, y nuestra gracia salvadora yace dentro de la búsqueda por romper este condicionamiento.

La intención de experimentar intimidad auténtica, es el viaje interior que nos lleva más allá de la pesadilla de tratar de emular a las generaciones anteriores "viviendo felices para siempre". Por lo general, solo estamos listos y dispuestos a considerar este viaje, a acercarnos a una "relación consciente" con alguien más, cuando nuestras ilusiones se han destrozado. El hecho de que nuestras ilusiones se destrocen con relaciones "fallidas", es el llamado de Dios para despertar de este predicamento. Desafortunadamente, nuestro corazón a veces necesita romperse en millones de fragmentos, antes de que estemos dispuestos a tomar responsabilidad por su condición. Por lo regular, primero tenemos que abrazar completamente las mentiras sobre el matrimonio entrando a la institución, antes de que esto suceda. Por lo tanto no nos juzguemos duramente sobre el pasado, sino que observemos nuestras experiencias con el ojo de la honestidad. La honestidad es el primer paso en este viaje para despertar a nuestro ser de este cuento de hadas. Para empezar necesitamos hacernos una simple pregunta:

¿Soy un niño/niña o soy un hombre/mujer?

Si pretendemos acercarnos a la experiencia de la intimidad auténtica con cualquier cantidad de integridad, es muy importante que reconozcamos nuestra condición emocional presente. Engañarnos con que estamos listos para una relación consciente cuando no lo estamos, cuando todavía nos estamos ahogando en un comportamiento necesitado o deseoso, nos conducirá inevitablemente a la disolución, el desengaño y la desesperación silenciosa. Solo atraeremos a alguien que nos refleje nuestra propia condición emocional.

Nuestro viaje hacia la intimidad auténtica no tiene que ver con encontrar a la pareja perfecta; tiene que ver con convertirnos en la pareja perfecta. No se trata de obtener amor; se trata de acordar crecer como un hombre o mujer que está listo y dispuesto para dar amor incondicionalmente. No tiene que ver con "vivir felices para siempre"; tiene que ver con comprometerse a una relación en la que la intención sea "estar presente y tan consciente como sea posible en cada momento que se presente". No se trata de encontrar a alguien con quien apoltronarse y establecer una rutina inconsciente; se trata de estar dispuestos a unirse a alguien en la carrera hacia dentro y hacia arriba, como una ruta consciente de entrada al reino vibratorio.

En cada coyuntura de nuestro viaje la herramienta que nos motiva hacia delante, o hacia atrás, es nuestra habilidad para ser honestos con nosotros mismos; ser honestos incluso si duele. El nivel de condicionamiento del que estamos buscando librarnos es profundo, y se engancha dentro de cada poro de nuestra experiencia humana. Es la conciencia de nuestro predicamento, percibido tan honestamente como sea posible, lo que transforma nuestro predicamento.

Aquí hay algunas preguntas que podemos hacernos. Responderlas honestamente activa la conciencia y por lo tanto la transformación. Verlas con la intención de dar las respuestas "que pensamos que son más maduras emocionalmente" es perder el punto. Si buscamos crecer honestamente este no es el momento para engañarnos. Si buscamos sinceramente un encuentro íntimo auténtico con otro, entonces tenemos que sostenernos en cada momento siendo honestos y auténticos.

¿Quiero enamorarme y estar con alguien especial?

¿Busco una relación porque me siento incómodo viviendo solo?

¿Creo que alguien más me puede hacer feliz?

¿Creo que la felicidad se puede lograr a través de una relación?

¿Busco un marido o esposa porque es lo correcto, o porque se supone que es lo que hay que hacer?

¿Busco casarme porque no quiero terminar solo cuando sea viejo?

¿Busco casarme porque es lo que se supone que pasa en mi cultura?

¿Quiero casarme porque mis amigos están casados, o porque mi familia piensa que ya es tiempo?

¿Siento que necesito tener hijos porque esto me va a completar de alguna forma?

¿Quiero tener hijos porque pronto yo también voy a ser viejo?

Si respondemos que si a cualquiera de estas preguntas, tenemos trabajo interno que hacer antes de estar listos para una relación consciente e íntima con otro ser humano. Decir que sí a cualquiera de estas preguntas, muestra que nuestra intención para estar con alguien está motivada inconscientemente por nuestras necesidades y deseos insatisfechos, por circunstancias externas, y no por nuestra preparación para una intimidad auténtica. Bajo dichas circunstancias estamos buscando un padre externo que ame a nuestro niño interior, o estamos buscando un niño exterior para poder convertirnos en el padre que deseamos haber tenido. O, estamos buscando niños externos como medios para hacer contacto con nuestro niño interior. Estamos buscando por lo tanto a alguien en quien apoyarnos, porque no hemos desarrollado la fortaleza emocional para ser ese apoyo emocional para nosotros mismos. Bajo estas circunstancias, entrar a una relación solo sirve para sedar temporalmente y para controlar nuestras necesidades y deseos, para no tener que enfrentarlos y ocuparnos de ellos.

Cuando somos niños y niñas, usamos las relaciones como un medio para distraernos de la condición auténtica de nuestros propios corazones.

Las necesidades y deseos subyacentes que emergen de todas las preguntas antes citadas, están basadas emocionalmente. La intención de una relación consciente e íntima no tiene que ver con "obtener" nada del otro, especialmente a nivel emocional; no se trata de satisfacer nuestras necesidades y deseos. Tiene que ver con dar, dar, dar, y solo tener la intención de dar sin ninguna condición sobre el amor que se da. Esta es la regla dorada:

Cuando entramos en una relación porque necesitamos o queremos algo, por "obtener", no podemos experimentar intimidad auténtica.

Entramos a una relación íntima auténticamente solo para dar, no para obtener. Para ser capaces de entrar desde este estado del ser, se requiere "crecer" hasta el punto en que nos convertimos en nuestros propios padres. De otra forma atraemos y somos atraídos inconscientemente a/por personas que quieren ser nuestros padres o que convertimos en nuestros padres. En el momento en que hacemos esto, toda intimidad se entorpece. ¿Quién quiere tener intimidad física con sus padres? Solo los niños y las niñas necesitan y quieren que sus padres se hagan cargo de ellos.

Una relación inconsciente nace de la necesidad y el deseo de que otro se haga cargo de nosotros.

Una relación consciente es una elección de explorar intimidad física, mental, y emocional como un rito de pasaje hacia la conciencia expandida.

sábado, 14 de agosto de 2010

La cancion olvidada


Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo titulo olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino solo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.
Las notas no son nada. Sin embargo, las has conservado, no por ellas mismas, sino como un dulce recordatorio de lo que te haría llorar si recordases cuán querido era para ti. Podrías acordarte, pero tienes miedo, pues crees que perderías el mundo que desde entonces has aprendido a conocer. Sin embargo, sabes que nada en este mundo es ni la sombra de aquello que tanto amaste. Escucha y mira a ver si te acuerdas de una canción muy vieja que sabías hace mucho tiempo y que te era más preciada que cualquier otra melodía que te hayas enseñado a ti mismo desde entonces.
Más allá del cuerpo, del sol y de las estrellas; más allá de todo lo que ves, y, sin embargo, en cierta forma familiar para ti, hay un arco de luz dorada que al contemplarlo se extiende hasta volverse un circulo enorme y luminoso. El circulo se llena de luz ante tus ojos. Sus bordes desaparecen, y lo que había dentro deja de estar contenido. La luz se expande y envuelve todo, extendiéndose hasta el infinito y brillando eternamente sin interrupciones ni limites de ninguna clase. Dentro de ella todo está unido en una continuidad perfecta. Es imposible imaginar que pueda haber algo que no esté dentro de ella, pues no hay lugar del que esta luz esté ausente.
T21.I/9 Esta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.
Y ahora los ciegos pueden ver, pues esa misma canción que entonan en honor de su Creador los alaba a ellos también. La ceguera que inventaron no podrá resistir el vibrante recuerdo de esta canción. Y contemplarán la visión del Hijo de Dios, al recordar quién es aquel al que cantan. ¿Qué es un milagro, sino este recordar? ¿Y hay alguien en quien no se encuentre esta memoria? La luz en uno despierta la luz en los demás. Y cuando la ves en tu hermano, la recuerdas por todos.

domingo, 25 de julio de 2010

El puente que conduce al mundo real




¡Qué diferentes son las cosas al otro lado del puente! Durante algún tiempo se sigue viendo el cuerpo, pero ya no es lo único que se ve, como ocurre aquí. La pequeña chispa que contiene los Grandes Rayos también es visible, y no puede ser confinada a la pequeñez por mucho más tiempo. Una vez que hayas cruzado el puente, el valor del cuerpo disminuirá tanto ante tus ojos, que ya no tendrás ninguna necesidad de enaltecerlo. Pues te darás cuenta de que su único valor es el de permitirte llevar a tus hermanos contigo hasta el puente, para allí ser liberados juntos.

Él puente en sí no es más que una transición en la perspectiva que se tiene de la realidad. A este lado, ves todo sumamente distorsionado y desde una perspectiva errónea. Lo que es pequeño e insignificante se enaltece, y a lo que es fuerte y poderoso no se le concede ningún valor. Durante la transición hay un período de confusión, en el que es posible experimentar una sensación muy real de desorientación. No tengas miedo de esto, pues lo único que significa es que has estado dispuesto a abandonar el marco de referencia distorsionado que parecía mantener a tu mundo intacto. Este marco de referencia está construido en torno a la relación especial. Sin esta ilusión, no seguirás buscando ningún significado aqui.

No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad. El tiempo es benévolo, y si lo usas en beneficio de la realidad, se ajustará al ritmo de tu transición. Lo único que es urgente es desencajar a tu mente de la posición fija que ha adoptado aquí. Ello no te dejará desamparado ni desprovisto de un marco de referencia. El período de desorientación, que precede a la transición en sí, es mucho más corto que el tiempo que tardaste en fijar tu mente tan firmemente en las ilusiones. Cualquier demora te hará ahora más daño que antes, debido únicamente a que te das cuenta de que es una demora, y de que realmente es posible escapar del dolor. En lugar de desesperación, halla esperanza y consuelo en esto: muy pronto ya no podrás encontrar en ninguna relación especial aquí ni siquiera la ilusión de amor. Pues ya no estás completamente loco, y no tardarías mucho en reconocer la culpabilidad que te produce traicionarte a ti mismo.

Nada que procures fortalecer en la relación especial es realmente parte de ti. Y no puedes conservar parte del sistema de pensamiento que te enseñó que la relación especial es real, y entender el Pensamiento que sabe lo que eres. Le has permitido al Pensamiento de tu realidad entrar en tu mente, y puesto que lo invitaste, morará contigo. Tu amor por él no permitirá que te traiciones a ti mismo, y no podrás entablar ninguna relación en la que dicho pensamiento no te acompañe, pues no desearás estar separado de él.

Alégrate de haber escapado de la parodia de salvación que el ego te ofrecía, y no mires atrás con nostalgia a la farsa que hacia de tus relaciones. Ahora nadie tiene que sufrir, pues has llegado demasiado lejos como para sucumbir a la ilusión de que la culpabilidad es algo bello y santo. Solo los que son completamente dementes podrían contemplar la muerte y el sufrimiento, la enfermedad y la desesperanza, y considerarlos bellos y santos. Lo que la culpabilidad ha forjado es feo, temible y muy peligroso. No veas ninguna ilusión de verdad y belleza en ello. Y siéntete agradecido de que haya un lugar donde la verdad y la belleza te aguardan. Ve gustosamente a su encuentro y descubre lo mucho que te espera por el simple hecho de estar dispuesto a abandonarlo que no es nada precisamente porque no es nada.

La nueva perspectiva que adquirirás al cruzar el puente será el entendimiento de dónde se encuentra el Cielo. Desde este lado parece encontrarse fuera de ti y al otro lado del puente. Pero al cruzar el puente para unirte al Cielo, éste se unirá a ti y os volveréis uno. Y pensarás, con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada. El júbilo del Cielo, el cual es ilimitado, aumenta con cada luz que regresa a ocupar el lugar que le corresponde en él. ¡Por el Amor de Dios y por el tuyo propio, no te demores más! ¡Y que el instante santo te acelere en tu camino, como indudablemente lo hará sólo con que dejes que venga a ti!

El Espíritu Santo sólo te pide este pequeño favor: que cada vez que tus pensamientos se desvíen hacia una relación especial que todavía te atraiga, te unas a Él en un instante santo y ahí le permitas liberarte. Lo único que necesita es que estés dispuesto a compartir Su perspectiva, para que Él te la conceda en su totalidad. Y no tienes que estar completamente dispuesto porque Él lo está. Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe la que tú compartes con Él en el instante santo. Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de la que Él goza. Invócale, pues el Cielo responde a Su llamada. Y permítele que Él invoque al Cielo por ti.

domingo, 11 de abril de 2010

RELACIONES ESPECIALES: la psicologia del grupo intermedio



Extracto del libro de Gloria y Kenneth Wapnick Despierta del sueño.
Colección Fundación, editado por El Grano de Mostaza.
Estos son extractos de los libros de Kenneth Wapnick, ocasionalmente se han realizado algunas correcciones de estilo, pero el
contenido no se ha alterado en absoluto. Para distinguir los textos provinentes del Curso el cuerpo de la letra es menor y de color
Si buscamos honradamente en nuestro interior, como Un curso de milagros nos lo pide
reiteradamente, no podemos sino recordar nuestras relaciones de odio especial. Estas
incluirían no sólo a las personas a quienes odiamos y atacamos, pasadas y presentes, sino
también a las organizaciones, instituciones, religiones, a los sistemas políticos y
económicos, a otras naciones—sus políticas y sus líderes—a quienes responsabilizamos de
nuestros males personales y colectivos. Este odio o esta ira adopta muchas formas, desde
la más leve hasta la más extrema:
La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más
desenfrenada. El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. Te irás dando cuenta
cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una
intensa furia (L-pI.21.2:3-5).
Es esencial para el plan de salvación del ego que haya enemigos sobre quienes podamos
proyectar nuestro odio y posteriormente atacarlos. Sin ellos nos veríamos obligados a
enfrentar el odio de nosotros mismos, sobre lo cual el ego ya nos ha convencido de que
significaría una aniquilación segura. Para poder sobrevivir, por lo tanto, el ego nos dice
que tenemos que tener un enemigo, alguien a quien podamos culpar de la desgracia e
infelicidad que en última instancia es nuestra propia responsabilidad. Esto inevitablemente
origina una percepción de un mundo “nosotros-ellos ”, poblado con “chicos buenos ” y
“ chicos malos ”, víctimas y victimarios. Por lo tanto, continuamente nos identificamos
con las víctimas inocentes del mundo, quienes sufren injustificadamente a manos de
fuerzas “malvadas y sombrías ” que están más allá de su control. Mientras tanto, toda
nuestra culpa— “ malvada y sombría ”—permanece escondida en las “bóvedas ocultas ”
de nuestro inconsciente, protegidas para siempre por nuestra “justificada ” ira contra el
mundo externo.
La ira siempre entraña la proyección de la separación, lo cual tenemos que aceptar, en última instancia,
como nuestra propia responsabilidad, en vez de culpar a otros por ello. No te puedes enfada a no ser que
creas que has sido atacado, que está justificado contraatacar y que no eres responsable de ello en
absoluto. Dadas estas tres premisas completamente irracionales, se tiene que llegar a la conclusión,
igualmente irracional, de que un hermano merece ataque en vez de amor. ¿Qué se puede esperar de
premisas dementes, sino conclusiones dementes? La manera de desvanecer una conclusión demente es
analizando la cordura de las premisas sobe las que descansa. Tú no puedes ser atacado, el ataque no tiene
justificación y tú eres responsable de lo que crees (T-6.in.1:2-7).
A lo largo del lapso de tiempo registrado que llamamos historia, existe evidencia
abundante para demostrar cómo ha operado el sistema de pensamiento del ego. Al
percibir separación y carencia, y al considerarse desposeídas, diferentes culturas,
sociedades, tribus e imperios terminaron por atacar a otros a quienes consideraron
intrusos. Todo el tiempo, estos agresores justificaban sus ataques bajo el pretexto de varias
racionalizaciones, las cuales incluían imperativos económicos, necesidades políticas y
“ g uerras santas ”. Recordemos nuevamente, puesto que este capítulo trata de la psicología
del grupo intermedio, que desde el preciso momento de la separación los miembros del
grupo intermedio, dado el plan de salvación del ego, tenían que percibir al grupo sombrío
como externo a ellos. Por lo tanto, no es de extrañar que estos pensamientos de ataque
hayan continuado desde la separación hasta el presente. Desde aquel antiguo instante,
todas nuestras experiencias se han coloreado con las rojas gotas de la sangre que ha
fluido de la creencia original del Hijo de que él había asesinado a su Padre y Fuente. Las
páginas de la historia literalmente están empapadas con esta sangre, que sólo es el símbolo
del pensamiento original de ataque en contra de Dios. Esta tétrica descripción encuentra
un paralelo en este notable pasaje de Un curso de milagros que describe la religión de
asesinato y de muerte del ego:
Conocer la realidad significa no ver al ego ni a y sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o
creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el
precio que hay que pagar por creer en él. Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que
pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es
la crucifixión del Hijo de Dios. Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos
seguidores se preparan para morir (L-pII.12.4).
En la actualidad estamos experimentando una era en la cual, debido a nuestra avanzada
tecnología, la comunicación es prácticamente instantánea. Es muy instructivo, cuando
vemos las noticias en televisión o las leemos en los periódicos diarios, observar la
naturaleza global de la psicología de este grupo intermedio la cual se extiende por toda la
población, todas las naciones y entre todos los líderes del planeta entero. La proyección
hace la percepción: Nuestra percepción de los acontecimientos mundiales se puede
reducir a esta ecuación:
La psicología individual de grupo intermedio que retenemos en nuestras mentes, más la psicología
ideológica y nacional de grupo intermedio que se nos enseña, es igual a nuestra visión mundial la cual
es una proyección del concepto del yo que hemos fabricado.
Debido a nuestra identificación con el plan de salvación del ego, todos nosotros estamos
tratando de encontrar aquellos chivos expiatorios que seguramente podemos atacar con
impunidad, al escondernos detrás de la “cara de inocencia ” que nos permite
identificarnos con lo “bueno ” en contra de lo “ malo ”. Esto lo hacemos como
individuo, pero además lo hacemos con varios grupos: familiares, religiosos, comunitarios
y nacionales. Además, todos los grupos no hacen sino representar estas dinámicas egoístas
del individuo en una escala colectiva:
Por esa razón, es posible hallar este rostro [de inocencia] con frecuencia arrasado de lágrimas ante las
injusticias que el mundo comete contra los que quieren ser buenos y generosos. Este aspecto nunca
lanza el primer ataque. Pero cada día, cientos de incidentes sin importancia socavan poco a poco su
inocencia, provocando su irritación, e induciéndolo finalmente a insultar y a abusar
descontroladamente.… ¿no es acaso un hecho harto conocido que el mundo trata ásperamente a la
inocencia indefensa? (T-31.V.3:2-4; 4:1)
Debido al falso concepto del yo que hemos construido y a nuestra necesidad de un
interés propio como protección, los intereses compartidos se desvanecen. El resultado de
esta situación engendra un miedo tremendo en todas las partes aparentemente separadas
de la Filiación, pues inconscientemente creemos que— “La culpa exige castigo ”—y que
los demás nos atacarán tal como los hemos atacado a ellos. Así que todos nos
mantenemos pegados al hipnotismo de nuestras falsas percepciones. “Mi país, (religión,
tribu, imperio, etc.) con razón y sin ella ” ha sido el toque de clarín de cada grupo desde
el comienzo de la separación, al enarbolar el pendón del interés propio que alardea del
triunfo sobre Dios y sobre la unidad de la Filiación. Ese ataque a los demás se racionaliza
entonces con la excusa de que necesitamos defendernos del contraataque, y el ciclo de
ataque-defensa del ego ha comenzado:
El mundo no ofrece ninguna seguridad. Está arraigado en el ataque.… [y] no puede sino ponerte a la
defensiva. Pues la amenaza produce ira, y la ira hace que el ataque parezca razonable, que ha sido
honestamente provocado y que está justificado por haber sido en defensa propia.… Los ciclos de ataque
y defensa, y de defensa y ataque, convierten las horas y los días en los círculos que atenazan a la mente
como gruesos anillos de acero reforzado, los cuales retornan, mas sólo para iniciar todo el proceso de
nuevo. No parece haber respiro ni final para este aprisionamiento que atenaza cada vez más a la mente
(L-pI.153.1:2-3; 2:1-2; 3:2-3).
Hay un pasaje en Un curso de milagros cuyas implicaciones, si se toman con seriedad, son
literalmente increíbles. Si se consideran con honradez, su significado eventualmente
conduciría a la libertad y a la salvación. El texto afirma:
Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno
solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. Ninguna creencia es
neutra. Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. Pues una decisión es una
conclusión basada en todo lo que crees (T-24.in.2:1-5).
Al discutir la naturaleza ilusoria de nuestros problemas, el libro de ejercicios plantea el
mismo punto:
Quizá no logres abandonar todas tus ideas preconcebidas, pero eso no es necesario. Lo único que es
necesario es poner mínimamente en duda la realidad de tu versión de lo que son tus problemas
(L-pI.79.8:2-3).
Este es el “poquito de buena voluntad ” al cual se refiere el Curso en otro lugar como lo
único que nos pide el Espíritu Santo. Como un ejercicio de honradez, por lo tanto,
podemos comenzar a buscar con cuidado en nuestras mentes con la buena voluntad de
cuestionar cada valor que sustentamos. A primera vista nos podría parecer como un
ejercicio fácil. Sin embargo, cuando comencemos a hacerlo inevitablemente nos daremos
cuenta de la enorme resistencia que tenemos a cuestionar nuestras sacrosantas
presunciones—valores que hemos asumido como nuestra propia identidad y personalidad
Hay muchos enfoques distintos para llevar a cabo este ejercicio. Los siguientes son dos
ejemplos: Desde que nos levantemos por la mañana hasta que nos acostemos por la
noche, podemos tomar la decisión de vigilar todos los pensamientos, palabras, y hechos
con el fin de ver el apego que tenemos a ciertos valores. Un ejercicio alterno es hacer un
listado de todos los valores que sustentamos bajo las siguientes categorías: relaciones
personales y profesionales, creencias religiosas y espirituales, y valores políticos,
económicos y sociales. Después de haber hecho el listado de todos nuestros valores
conscientes podemos entonces proceder a cuestionar incluso por qué sustentamos estos
valores. Como enseña Un curso de milagros, siempre debemos hacernos esta única
pregunta con relación a todo en el mundo: ¿Para qué es? ¿Cuál es su propósito? ¿Qué
significa lo que estoy contemplando? Supongamos que debido a nuestro sistema de
creencias y a nuestra mente condicionada, uno de nuestros valores políticos es la
eliminación de un sistema ideológico en todas sus formas, oriental u occidental. Sería
instructivo investigar por qué a nosotros como nación nos disgustan los sistemas
ideológicos, políticos, o económicos distintos de los nuestros. ¿Por qué, como una nación
individual y como ciudadanos individuales, tenemos tan gran inversión en limpiar al
mundo de una ideología que consideramos indigna, malvada y temible? ¿Cuándo
nos nombró Dios sus supremos comandantes, generales y tenientes primeros para hacer
cumplir las leyes y valores que El jamás estableció? Este es un ejemplo supremo de la
mentalidad de grupo intermedio, tan abarcador que casi nadie ha escapado de la misma.
En cualquiera de sus formas el nacionalismo se basa claramente en la psicología nosotros-
ellos del grupo intermedio, y por tal razón es fácil entender lo inevitable de su adopción
casi universal a lo largo de la historia. Del mismo modo que en el nivel individual la
relación de odio especial sostiene al sistema del ego que la engendró, asimismo su
expresión nacionalista cumple el mismo propósito en una escala mayor. Se asegura la
sobre vivencia del ego, incluso a “expensas ” de la destrucción del mundo externo. ¿Para
qué es? ¿Y cuál es la consecuencia de tal posición nacionalista en nuestras vidas
individuales? Ante todo, provee un maravilloso chivo expiatorio sobre el cual proyectar
nuestra culpa, y al oponernos a cualquier “ismo ” como un “ mal ” hacemos real en
nuestras mentes el error de la separación. Esto, por supuesto, es exactamente lo que el ego
quiere. Además, el oponerse a los “adversarios ” —como, por ejemplo, oponerse a la
guerra mediante actividades de paz con una actitud de odio y de separación—también
hace real el error de la separación, y así puede ser también una forma de caer en una
trampa. Jamás se debe subestimar la sutileza del ego. Cuando de valores religiosos se trata,
encontramos exactamente la misma dinámica al observar los juicios que se emiten en
torno al ateo, al no-creyente o el hereje, desde sutiles pronunciamientos teológicos hasta
la condenación abierta. Independientemente de la forma de estos juicios, el resultado es el
mismo: la exclusión de algunos de los Hijos de Dios de Su Reino. He aquí la psicología de
grupo intermedio en su forma más flagrante, la cual se hace pasar por un mensaje de
interés, amor y salvación a través de unos ministros de Dios que se han nombrado a sí
mismos en contra de todos aquellos que no creen en su verdad y en la “Palabra de
Dios ”. Esta división, falta de unidad, este odio, y ataque no reflejan sino la mentalidad
original de grupo intermedio que hizo real al pecado de la separación y que dividió a la
Filiación en “ buena ” y “ mala ”, “luz y sombra ”, “santa ” e “impía ” y “salvada ” y
“ condenada ”. Una vez más, los miembros del grupo intermedio se habían adjudicado a sí
mismos la posición de portavoces elegidos por dios y defensores de la fe. En contraste, el
grupo de Luz quería que mirásemos más allá del error tanto de los miembros del grupo
sombrío como de los miembros del grupo intermedio, como vemos en el siguiente
Sueña dulcemente con tu hermano inocente, quien se une a ti en santa inocencia. Y el Mismo Señor de
los Cielos despertará a su Hijo bienamado de este sueño. Sueña con la bondad de tu hermano en vez de
concentrarte en sus errores. Elige soñar con todas las atenciones que ha tenido contigo, en vez de contar
todo el dolor que te ha ocasionado. Perdónale sus ilusiones y dale gracias por toda la ayuda que te ha
prestado. Y no desprecies los muchos regalos que te ha hecho sólo porque en tus sueños él no sea
perfecto. El representa a su Padre, a Quien ves ofreciéndote tanto vida como muerte (T-27.VII.15).
El mismo ejercicio que discutimos antes bajo odio especial— someter todos nuestros
valores al criterio “¿Para qué es ”?—es también pertinente a aquellas relaciones que Un
curso de milagros llama “amor especial ”. En un mundo de multiplicidad diversa,
tendemos a excluir estas relaciones de amor especial del escrutinio que se nos pide. Sin
embargo, son estas relaciones las que constituyen las armas más efectivas en el arsenal del
ego, y las que justifican la enseñanza del Curso de que éstas son la morada de la culpa y
únicamente un fino velo que cubre la cara del odio especial. Las relaciones de amor
especial—desde la más casual hasta la más íntima—son intentos de mantener alejados de
nuestra conciencia a la culpa y al odio de nosotros mismos, y evitar de ese modo el agudo
dolor que dicha conciencia ocasionaría. El punto de partida aquí es la creencia en la
escasez, i.e., que existe un profundo sentido de no ser completo o una gran carencia en
nosotros. Este es un aspecto esencial de nuestra experiencia de culpa. Un curso de
milagros explica el principio de escasez en el contexto específico de la separación:
Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho,
ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías
mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de
la “separación”, que es lo que significa la “caída”, no se carecía de nada. No había necesidades de
ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de
acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la
percepción que tienes de lo que eres.…Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses
distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado
(T-1.VI.1:3-10; 2:2).
Obviamente, no deseamos caminar por ahí sintiendo conscientemente que hay algo
inherentemente erróneo o incompleto a nosotros mismos. Además, hemos fabricado una
fuerte individualidad o concepto del yo que nos protege de esta conciencia. Es este
concepto del yo de pecado y de culpa, cuyo centro inconsciente es la creencia en la
escasez, lo que constituye la más sagrada ciudadela en el reino del ego. Este falso yo que
hemos fabricado utiliza y manipula las relaciones para satisfacer sus percibidas
necesidades neuróticas, sin darse cuenta de que el utilizar y manipular a otros constituye
un ataque hacia ellos, con lo cual se refuerza la culpa que astutamente hemos aislado en el
ámbito inconsciente. En resumen, las relaciones de amor especial son aquellas en las
cuales nos permitimos hacernos dependientes de otras personas como una forma de
sustituir nuestra dependencia de Dios. En lugar de volvernos hacia El, o hacia el Espíritu
Santo, en busca de solución para nuestro percibido problema de carencia, de culpa y de
odio de nosotros mismos, tratamos de rodearnos de relaciones de amor especial que nos
“ p rotegerán ” de tener que hacer frente a esta culpa. Un curso de milagros comenta:
No hay nadie que venga aquí que no abrigue alguna esperanza, alguna ilusión persistente o algún sueño
de que hay algo fuera de sí mismo que le puede brindar paz y felicidad. Si todo se encuentra en él, eso
no puede ser verdad. Y así, al venir a este mundo, niega su propia verdad y se dedica a buscar algo que
sea más que lo que es todo, como si una parte de ese todo estuviese separada y se encontrase donde el
resto no está. Este es el propósito que le confiere al cuerpo: que busque lo que a él le falta y que le
provea de lo que le restauraría su plenitud. Y así, vaga sin rumbo, creyendo ser lo que no es, en busca
de algo que no puede encontrar (T-29.VII.2).
Sin embargo, estas relaciones jamás deshacen nuestra culpa verdaderamente; más bien, la
relación de amor especial hace la culpa real en nuestras mentes al hacer real la necesidad
de desarrollar relaciones de dependencia las cuales nos defenderán de la angustia de
nuestra culpa. Utilizamos a otros como una cubierta de modo que ya no tengamos que
experimentar conscientemente la angustiosa presencia de la culpa. Nuestro “amor ” por
otro se contamina de ese modo al tener nosotros la necesidad de que otros nos provean un
concepto del yo más aceptable que sea lo opuesto de la inaceptable imagen horrible la
cual no soportamos tener que mirar. Esa es la razón por la cual Un curso de milagros
afirma que el amor sin ambivalencia es imposible en este mundo (T-4.III.4:6). Las
atracciones que sentimos por otras personas están coloreadas por esta necesidad
inconsciente de depender de que le agrademos a los demás y de recibir su aprobación—
como niños, padres, amantes, cónyuges, discípulos, terapeutas, amigos, compañeros de
trabajo, etc. Nuestro amor por los demás, por lo tanto, no es por Quiénes son—el Cristo—
sino por lo que ellos pueden hacer por nosotros en términos de satisfacer nuestras
necesidades egoístas, en cualquier forma que simbolice la satisfacción de mi exigencia
inconsciente de que se me proteja de mi culpa. Es así cómo este amor es condicionado
por la capacidad de las personas de convertirse en esta cubierta de amor especial para
nuestra culpa. El amor especial cambia rápidamente a su odio subyacente, no obstante,
cuando ya no se satisfacen nuestras necesidades. Como enseña la psicología: La
dependencia engendra desprecio. En otras palabras, te amo mientras cumples con mis
expectativas y satisfaces mi necesidad; pero tan pronto dejas de satisfacer esta necesidad
i.e., o bien porque cambias o porque mis aparentes necesidades cambian—la culpa
comienza a aflorar en mi mente consciente. Siguiendo el plan de salvación del ego, mi
experimentado miedo y mi ansiedad me llevan a culparte por mi incomodidad. Te has
convertido, pues, en la causa de mi infelicidad, y has cambiado tu papel de salvador por el
de enemigo. El amor especial se ha tornado en el odio que siempre fue, y ahora tengo
una justificación para descartarte como “socio en el amor ” y buscar otro: “Siempre es
posible encontrar otro ” (L-pI.170.8:7). Todo el mundo en este planeta ha
experimentado este dilema pues ninguno de nosotros se escapa de la más fundamental de
todas las relaciones de amor especial o dependencia, aquella de un niño con sus padres,
reales o substitutos. Para resumir la dinámica de las relaciones de amor especial,
utilicemos la siguiente imagen: Imaginen un armario en el cual se guarda la culpa
aterradora que no podemos decidirnos a mirar. Nuestras mentes conscientes están en la
habitación fuera del armario, y no quieren saber de esta oscuridad psicológica. La puerta
del armario sirve para detener y mantener ocultos al pecado y a la culpa tan temidos. Es,
pues, imperativo que esta puerta permanezca herméticamente cerrada, no sea que nuestra
culpa se escape hacia la conciencia y nos obligue a lidiar con su dolor y su angustia. El
armario, por lo tanto, representa al inconsciente donde se mantienen “los pecados
secretos y odios ocultos ” (T-31.VIII.9:2). La relación de amor especial es la puerta que
nos “protege ” de tener que mirar el interior del armario de nuestras mentes y
contemplar el pecado y la culpa que el ego nos dice que nos destruirá. En conclusión,
nuestras relaciones especiales son mini guerras en las cuales creemos que estamos
luchando en contra del enemigo externo para protegernos del enemigo interno. En todas
ellas, “no haces sino revivir ese instante en el que la hora del terror ocupó el lugar del
amor ” (T-26.V.13:1). Es así como todas y cada una de las relaciones especiales se
convierten en espantosos recordatorios de aquel instante de la separación cuando creímos,
en nuestra locura, que habíamos asesinado a Dios y a Cristo, y nos habíamos apoderado
del trono de la creación. La absoluta demencia de tal sistema de pensamiento está
pintorescamente caracterizada en el siguiente pasaje:
¿No te das cuenta de que una guerra contra ti mismo sería una guerra contra Dios? Y en una guerra así,
¿es concebible la victoria? Y si lo fuese, ¿la desearías? La muerte de Dios, de ser posible, significaría tu
muerte. ¿Qué clase de victoria sería ésa? El ego marcha siempre hacia la derrota, porque cree que puede
vencerte. Dios, no obstante, sabe que eso no es posible. Eso no es una guerra, sino la descabellada
creencia de que es posible atacar y derrotar la Voluntad de Dios. Te puedes identificar con esta creencia,
pero jamás dejará de ser una locura. Y el miedo reinará en la locura, y parecerá haber reemplazado al
amor allí (T-23.I.2:1-10).
Todas nuestras relaciones especiales son, pues, ejemplos de la mentalidad del grupo
intermedio la cual se fundamenta en la percepción de “chicos buenos ” (amor especial—
nosotros y nuestros aliados del grupo intermedio) y “chicos malos ” (odio especial—
grupo sombrío). Nos aliamos con quienes apoyan nuestra necesidad de proyectar sobre
un enemigo que se percibe fuera de nosotros. Nuestros compañeros de amor especial
hacen posible de ese modo que nos sintamos bien con nosotros mismos y que neguemos
nuestros sentimientos subyacentes de odio de nosotros mismos, mientras que nuestros
compañeros de odio especial nos proveen la justificación para que veamos nuestro odio
en el exterior. Esta dilema parece irremediablemente insoluble, puesto que nuestra culpa
inconsciente nos incita continuamente a formar esta “interminable e insatisfactoria
cadena de relaciones especiales ” (T-15.VII.4:6). Estas sólo refuerzan la culpa subyacente,
y conducen a un aparentemente interminable ciclo vicioso del cual no parece haber
Continuamente acuciados por la salvaje locura del ego de protegernos de nosotros
mismos, le declaramos la guerra al mundo, a veces abiertamente (odio especial), y a veces
bajo la apariencia del amor (amor especial). Detrás de cada ataque está el Padr
salvaje
que inventamos, en contra de cuya venganza, creemos en nuestra locura, nuestras
relaciones especiales nos proveen defensa. Mas detrás de este salvajismo inventado de
Dios hay aún una Figura final: nuestro Creador amoroso Quien jamás ha acallado Su
Llamada para despertarnos de nuestro sueño demente. Es Su Amor el que el amor del ego
oculta, pero el cual espera pacientemente porque elijamos el perdón que nos retornará a la Cordura.

LA TRINIDAD IMPIA—PECADO, CULPA, MIEDO



Extracto del libro de Gloria y Kenneth Wapnick Despierta del sueño.
Colección Fundación, editado por El Grano de Mostaza.
Estos son extractos de los libros de Kenneth Wapnick, ocasionalmente se han realizado algunas correcciones de estilo, pero el
contenido no se ha alterado en absoluto. Para distinguir los textos provinentes del Curso el cuerpo de la letra es menor y de color
Al pasar por nuestras vidas y hacerle frente a los retos y trastornos en los niveles tanto de
desarrollo como en el cotidiano, no es muy práctico o útil que se nos diga que el mundo
y el cuerpo con los cuales estamos tan identificados son meras ilusiones, producto de un
sistema de pensamiento ilusorio. Mas Un curso de milagros nos dice repetidamente cuán
práctico es, y en efecto afirma:
El cuerpo es sencillamente parte de tu experiencia en el mundo físico. …es casi imposible negar su
existencia en este mundo. Los que lo hacen se dedican a una forma de negación particularmente indigna
Con esto en mente hablamos del segundo nivel (Nivel Dos), el cual se bosqueja en la
gráfica. En este nivel, el mundo se ve como una escuela en el cual aprendemos lecciones,
y no se niega o se ignora como una mera ilusión. Mas bien se nos estimula a “estar en el
mundo mas no ser del mundo ” (Juan 15:19). ¿Qué significa esto en la practica? Al
referirnos a la gráfica vemos que el Nivel Dos consiste de la distinción entre la “ mente
errada ” y la “mente correcta ”. Ambas reflejan una manera de ver el mundo físico
basada en un sistema de pensamiento subyacente. Sólo tenemos dos opciones: la mente
errada, que es el ámbito del ego; y la mente correcta, que es el hogar del Espíritu Santo.
La meta de la mente errada del ego es perpetuar el síndrome original de pecado culpa-
miedo, mediante el cual asegura la continuidad del ego. Por otra parte, la meta de la
mente correcta, la morada del Espíritu Santo, es deshacer el pensamiento de la mente
errada por medio del perdón y despertarnos a la conciencia de que jamás hemos
abandonado la casa de nuestro Padre. Un curso de milagros nos recuerda:
“Tú eres un extraño aquí [este mundo]. Pero le perteneces a Aquel que te ama como El se ama a Sí
Mismo” (C-ep.2:1-2).
Puesto que hay que hacer una elección entre estas dos alternativas, hablamos además de
una tercera parte de esta mente separada, el aspecto que elige. En la gráfica le hemos
llamado el “tomador de decisiones ”. Anteriormente se dijo: el Hijo de Dios está
dormido, y hablamos de dos voces a su disposición de las cuales él podía elegir: la Voz
del Espíritu Santo que habla por Dios o la voz del ego que habla a favor de la culpa y del
miedo. Discutiremos el sistema de pensamiento del ego en este capítulo y en el próximo,
lo cual nos ayudará a adquirir conciencia de la dinámica de éste de manera que podamos
hacer otra elección, la elección a favor de Dios. El Curso comenta que debido al conflicto
en nuestras mentes, elegimos en contra de la dicha que en verdad anhelamos:
Hacer la Voluntad de Dios perfectamente es el único gozo y la única paz que pueden conocer
plenamente, al ser la única función que se puede experimentar plenamente. Cuando esto se alcanza,
ninguna otra experiencia es posible. Desear otra experiencia, no obstante, obstaculiza su logro porque la
Voluntad de Dios no es algo que se te pueda imponer, ya que para experimentarla tienes que estar
completamente dispuesto a ello (T-8.III.2:1-3).
En nuestra presentación de los sistemas de pensamiento del ego y del Espíritu Santo, y la
necesidad de que se elija entre los dos, esencialmente estamos presentando la posición del
grupo de Luz y la posición del grupo sombrío tal y como se experimentan dentro del
grupo intermedio, el cual eventualmente “elige de nuevo ” y regresa al Hogar. Parece
claro, dicho sea de paso, que al igual que muchos caminos espirituales, Un curso de
milagros está dirigido hacia el grupo intermedio, pues es éste el que experimenta el
conflicto entre las dos voces. Obviamente el grupo de Luz no tiene necesidad de despertar
del sueño, mientras que los miembros del grupo sombrío están disfrutando del producto
final de su experimento, bastante felices de poder destruir lo que han fabricado. Su culpa
está más profundamente reprimida que la del grupo intermedio, y por consiguiente
menos accesible a examen y a corrección. Cuando el grupo intermedio desista de
oponerse al grupo sombrío, como veremos en el Capítulo 8, ese grupo también se sanará.
En Un curso de milagros, dicho sea de paso, Jesús nos advierte que no debemos pensar en
el ego como si éste fuese una cosa, la cual está separada e independiente de nuestras
Me he referido al ego como si fuera una entidad separada que actúa por su cuenta. Esto ha sido necesario
para persuadirte de que no puedes descartarlo a la ligera y de que tienes que darte cuenta de cuán extensa
es la parte de tu pensamiento que él controla.…El ego no es más que una parte de lo que crees acerca de
ti. Tu otra vida ha continuado sin ninguna interrupción, y ha sido, y será siempre, completamente
inmune a tus intentos de disociarte de ella (T-4.VI.1:3-4,6-7).
Por lo tanto, ya que hemos discutido el paradigma de cómo surgieron el mundo y los
individuos en el mismo, ahora exploramos esas mismas dinámicas del ego tal y como se
expresan en los individuos: la trinidad impía de pecado, culpa y miedo, y su impacto en
cada psiquis individual. Contrario a la creencia popular, los niños no nacen inocentes en
este mundo. Cada niño o entidad trae consigo todo el odio ontológico a sí mismo (culpa)
y el terror de aquel instante original de la separación, por el cual no se ha perdonado aún.
El simple hecho de que nace en un cuerpo da testimonio de la aparente realidad de lo que
él cree haberle hecho a Dios y a Cristo. Cada experiencia física y psicológica refuerza la
identificación ego-cuerpo, y de ese modo lleva consigo la horrible y dolorosa memoria
del instante original de la separación.*
Así pues, tenemos el fundamento básico del sistema de pensamiento de todos los que
transitan este mundo, “solos, inseguros y presos del miedo ” (T-31.VIII.7:1). Sentimos
que hemos atacado a nuestro Creador y que nos hemos atacado unos a otros debido a
nuestro “pecado ” de separación, del cual dan testimonio los cuerpos separados. La culpa
es la experiencia psicológica de esta creencia en el pecado, y se puede definir como la
totalidad de todos nuestros pensamientos negativos, sentimientos y creencias acerca de
nosotros mismos. Estos incluirían los sentimientos de insuficiencia, inferioridad,
indignidad, incompetencia, el no ser completo, vergüenza, odio a sí mismo, y una creencia
de que nuestro estado es tan miserable que es imposible que alguien, incluso Dios,
pudiese amarnos. Una de las características más devastadoras de la culpa es que siempre
exige castigo por nuestra “ maldad ” . Así pues, vivimos en el mundo temerosos del castigo
“ inevitable ” que nos acontecerá: “Ayer fue horrible, hoy es terrible, mañana ni pensar ” .
El origen de todo miedo, por lo que quiero, sino que obro el mal que no quiero ”
(Romanos 7:19). En una era más sofisticada psicológicamente podemos entender mejor
este dilema, al reconocer la dinámica de la negación (utilizada por el Curso como
sinónimo de represión). Al igual que Freud recalcaba que la meta del psicoanálisis era
hacer consciente lo inconsciente, asimismo Un curso de milagros tiene como meta
deshacer el miedo que nos lleva a la represión de lo que el ego ha juzgado como
peligroso. Ya hemos descrito la cantidad de terror que se experimentó en la aparente
separación de Dios. Nadie puede transitar este mundo con esa cantidad de miedo en su
estado de percepción consciente. Por lo tanto, la mente dividida del ego empuja la
memoria de este aparente suceso hacia el inconsciente, con la esperanza mágica de que,
tal como el avestruz asustado, aquello que no puede verse (o recordarse) ya no está ahí.
Como afirma Un curso de milagros, en el contexto de la creencia del ego de que está en
* La única excepción es el ejemplo aislado de un ser verdaderamente iluminado, llamado avatar o bodhisatva
en oriente, y en el Curso un “Maestro de maestros”. Estos serían los miembros del grupo de Luz quienes han
aceptado la Expiación para sí mismos, y han elegido aparecer en el mundo de la ilusión para enseñar que el
mundo no existe. Sin embargo, como afirma Un curso de milagros, estos ejemplos son tan raros que a duras
penas es necesario discutirlos aquí (M-26.3).
Olvídate de la batalla. Acéptala como un hecho y luego olvídate de ella. No recuerdes las ínfimas
probabilidades que tienes de ganar. No recuerdes la magnitud del “enemigo” ni pienses cuán débil eres en
comparación con El. Acepta tu estado de separación, pero no recuerdes cómo se originó. Cree que has
ganado la batalla, pero no conserves el más mínimo recuerdo de Quién es realmente tu formidable
“contrincante” (M-17.6:5-10).
Podemos comparar nuestra culpa con un iceberg, cuyo mayor volumen yace bajo la
superficie del agua de modo que lo único visible es la punta. De forma análoga, nuestra
experiencia consciente de la culpa es sólo la punta de una mayor experiencia del odio
enorme de sí mismo del cual ni siquiera tenemos conciencia, por haberlo empujado hacia
el inconsciente. Un curso de milagros enseña que “ Nada que te hayas negado a aceptar
puede ser llevado a la conciencia ” (T-3.VI.4:4). Así pues, el ego completa la primera
parte de su plan para “salvarnos ” de nuestra culpa al aconsejarnos que la saquemos de la
conciencia, y que finjamos que lo que hemos hecho real ya no está ahí.
Sin embargo, la culpa reprimida no se ha ido a ninguna parte, y permanece al acecho
dentro de nuestras mentes, en espera, por decirlo así, del momento oportuno para golpear
nuestra conciencia. Así que el ego tiene una segunda táctica en su plan para protegernos
de la arremetida de nuestra culpa y nuestro miedo: la proyección. Ya hemos visto esta
dinámica en función al fabricar al mundo. En ese instante ontológico, el grupo
intermedio le prestó atención a la voz del ego, le dio la espalda al mensaje del grupo de
Luz, y procuró negar su aceptada culpabilidad por la separación y culpar por ésta al
grupo sombrío. Esta proyección del pensamiento de separación en contra del grupo
sombrío, para plantearlo una vez más, condujo al origen del mundo físico de separación.
En el nivel individual, repetimos la misma dinámica. Incapaces de tolerar la angustia del
odio a nosotros mismos (culpa), seguimos el consejo del ego de no verla en nuestro
interior, sino en alguien más (proyección). Así que hemos tomado nuestra percibida
culpa, primero la negamos en nosotros mismos y luego la ubicamos afuera. De esta
manera, el ego nos ha convencido de que hemos escapado de nuestra culpa exitosamente.
Como afirma Un curso de milagros:
El mundo no hace sino demostrar una verdad ancestral: creerás que otros te hacen a ti exactamente lo que
tú crees haberles hecho a ellos. Y una vez te hayas engañado a ti mismo culpándolos, no verás la causa
de sus actos porque desearás que la culpabilidad recaiga sobre ellos. ¡Cuán infantil es la insolente
maniobra de querer defender tu inocencia descargando tu culpabilidad fuera de ti mismo, aunque sin
deshacerte de ella! No es fácil percibir tal ironía cuando lo que tus ojos ven a tu alrededor son sus graves
consecuencias, mas no su frívola causa (T-27.VIII.8:1-4).
Sin embargo, lo que el ego no nos ha dicho es que su plan para salvarnos de la culpa es la
manera perfecta de aferrarnos a ella. La proyección de la culpa, como exploraremos en
mayor profundidad en el próximo capítulo, siempre conlleva un ataque. Tratamos de
culpar a otro por lo que nos estamos culpando secretamente a nosotros mismos, aunque
esto puede adoptar distintas formas. No obstante, en algún nivel sabemos que nuestro
ataque es injustificado puesto que su causa, no importa cuáles sean las circunstancias
externas, descansa con nuestro deseo inconsciente de evadir el tener que mirar a nuestros
yos egoístas. Así que nuestro ataque no puede sino hacernos más culpables aún. Y así se
cierra el círculo: Comenzamos con nuestra culpa la cual negamos y proyectamos luego,
sólo para sentirnos culpables por estos ataques de proyección. Este es el ciclo culpa
ataque el cual constituye la más importante arma táctica del ego en su guerra contra Dios.
Tal es el plan de salvación del ego, el cual Un curso de milagros describe de este modo:
El ego siempre intenta perpetuar el conflicto [i.e.,culpa]. Es suma-mente ingenioso en encontrar
soluciones que parecen mitigar el conflicto, ya que no quiere que el conflicto te resulte tan intolerable
que decidas renunciar al él. Por lo tanto, trata a toda costa de persuadirte de que él puede librarte del
conflicto, no sea que lo abandones y te liberes ti mismo (T-7.VIII.2:2-4).
El plan del ego para la salvación se basa en abrigar resentimientos. Mantiene que, si tal persona actuara
o hablara de otra manera, o si tal o cual acontecimiento o circunstancia externa cambiase, tú te
salvarías. De este modo, la fuente de la salvación se percibe constantemente como algo externo a ti.
Cada resentimiento que abrigas es una declaración y una aseveración en la que crees, que reza así: “Si
esto fuese diferente, yo me salvaría” (L-pI.71.2:1-4).
En otra parte, Un curso de milagros describe las formas más sofisticadas en que el ego
ejecuta su plan. Nos recuerda nuestro mito, y citamos parte de la descripción del Curso:
Sueñas que tu hermano está separado de ti, que es un viejo enemigo, un asesino que te acecha en la
noche y planea tu muerte, deseando además que sea lenta y atroz. Mas bajo este sueño yace otro, en el
que tú te vuelves el asesino, el enemigo secreto, el sepultador y destructor de tu hermano así como del
mundo. He aquí la causa del sufrimiento, la brecha entre tus míseros sueños y tu realidad. La pequeña
grieta que ni siquiera ves, la cuna de las ilusiones y del miedo, el momento de terror y de un odio
ancestral, el instante del desastre, están todos aquí. He aquí la causa de la irrealidad. Mas es aquí donde
se des-hará. Tú eres el soñador del mundo de los sueños. Este no tiene ninguna otra causa, ni la tendrá
jamás. Todo lo que aterrorizó al Hijo de Dios y le hizo pensar que había perdido su inocencia, repudiado
a su Padre y entrado en guerra consigo mismo no es más que un sueño fútil (T-27.VII.12:1–13:3).
La proyección de la culpa adopta dos formas básicas, lo que Un curso de milagros llama
las relaciones de odio especial y de amor especial. En el próximo capítulo, examinaremos
la dinámica específica de las relaciones especiales, y veremos cómo la consecuencia de
ambas es el reforzar la culpa lo cual es crucial para la existencia del ego.
1. f. Parte de la metafísica que trata del ser en general y de sus propiedades trascendentales.
1. f. Parte de la filosofía que trata del ser en cuanto tal, y de sus propiedades, principios y causas primeras.
1. adj. Que se comunica o extiende a otras cosas.
2. adj. Que es de mucha importancia o gravedad, por sus probables consecuencias.
3. adj. Fil. Se dice de los conceptos que se derivan del ser y se aplican a todos los entes.
4. adj. Fil. En el kantismo, se dice de lo que se refiere a la realidad pero excede de los límites de la experiencia.

NIVEL UNO: DIOS O EL EGO



Extracto del libro de Gloria y Kenneth Wapnick Despierta del sueño.
Colección Fundación, editado por El Grano de Mostaza.
Estos son extractos de los libros de Kenneth Wapnick, ocasionalmente se han realizado algunas correcciones de estilo, pero el
contenido no se ha alterado en absoluto. Para distinguir los textos provinentes del Curso el cuerpo de la letra es menor y de color
El Nivel Uno refleja el drama cósmico que parece enfrentar a Dios con el ego en una
lucha por la supremacía.
Son estados que se excluyen mutuamente Dios y el ego, el Cielo y el mundo, la verdad y
la ilusión, no hay un punto de encuentro entre ellos.
Por otra parte en el Nivel Dos tenemos las enseñanza práctica del perdón.
El Espíritu Santo es la Respuesta de Dios en el instante en que el pensamiento de
En el instante en que la idea de la separación se introdujo en la mente del Hijo de Dios, en ese mismo
instante Dios dio Su Respuesta (M-2.2:6).
El Espíritu Santo, como la Voz que habla por Dios, permanece presente siempre en la
mente del Hijo dormido. Continuamente provee la respuesta al pensamiento de separación
del ego, presente en la mente del Hijo que duerme.
El ego raramente experimenta la presencia del Espíritu Santo como un consuelo. Lo
percibe como una intrusión, un ataque que le recuerda a la mente dormida del Hijo el
mensaje de la Expiación. El mensaje nos dice: que en verdad la separación jamás ocurrió,
por lo cual no es nada más que un sueño ilusorio.
Nada real puede ser amenazado.
En esto radica la paz de Dios (T-in.2:2-4).
La única alternativa que nos queda dentro de la creencia en el estado de post-separación
fluctúa entre ser anfitrión de Dios al escuchar Su Voz o ser rehén del ego. Sin embargo, si
la mente dormida del Hijo escucha la “Voz suave” del Espíritu Santo, despertará del
sueño de separación y el ego desaparecerá:
Los Pensamientos de Dios [a través del Espíritu Santo] son inaceptables para el ego porque apuntan
claramente al hecho de que él no existe
El ego, para evitar lo que él considera su extinción, tiene que hacer algo.
Incapaz de derrotar a la amorosa Voz de Dios en un encuentro frontal, el ego no obstante
puede anular esta Presencia amorosa al convertirla en algo distinto. Aprovechándose de la
culpa del Hijo, lo convence de que el Espíritu Santo es el mensajero del furioso Dios
vengativo, decidido a destruir al Hijo. Por lo tanto:
La Expiación se convierte en un mito, y lo que la Voluntad de Dios dispone es la venganza, no el
perdón. Desde allí donde todo esto se origina, no se ve nada que pueda ser realmente una ayuda. Sólo la
destrucción puede ser el resultado final. Y Dios Mismo parece estar poniéndose de parte de ello para
derrotar a Su Hijo (T-23.II.8:2-5).
Intensamente enajenado por las mentiras del ego el Hijo dormido escucha a éste, que
ahora se ha convertido en su mentor y “salvador ”, y trata de huir del Espíritu Santo. El
ego exhorta al Hijo a que escape del Espíritu Santo y que abandone la mente que se ha
transformado en un campo de batalla en el cual el Hijo será destruido. De ese modo el
ego nos ha dicho literalmente que “salgamos de nuestras mentes ”; tal como Un curso de
milagros nos lo recuerda con frecuencia, el sistema de pensamiento del ego es
completamente demente.
Este “abandono de la mente ” se conoce psicológicamente como proyección, y lo que
estaba dentro de la mente ahora se percibe fuera. Recuerda que lo que alberga la mente
dividida es el pensamiento de separación, proyectado externamente, y por lo tanto, lo que
se percibe fuera de la mente es este pensamiento al cual se le ha dado forma; esto parece
ser un mundo material separado que manifiesta la creencia en la separación del ego. Esta
es la presentación que hace el Curso sobre la fabricación o falsa creación del mundo y es
similar a la hipótesis científica del origen del universo conocida como el Big Ban.
Un curso de milagros, interpreta al universo físico como una defensa que el ego emprende
en un acto desafiante de creación falsa, para protegerse de la temible imagen de Dios
fabricada por el propio ego:
El conflicto fundamental en este mundo es, pues, entre la creación y la creación falsa. Todo miedo está
implícito en la segunda, y todo amor en la primera. El conflicto es, por lo tanto, entre el amor y el
Aquí vemos pues que la explicación del Curso es claramente la antítesis de la visión
judeo-cristiana de que el mundo es la creación de Dios:
El mundo que ves no es más que la ilusión de un mundo. Dios no lo creó, pues lo que El crea tiene que
ser tan eterno como El. En el mundo que ves, no obstante, no hay nada que haya de perdurar para
siempre. Algunas cosas durarán en el tiempo algo más que otras. Pero llegará el momento en el que a
todo lo visible le llegue su fin (C-4.1). A todo lo que parece eterno le llegará su fin. Las estrellas
desaparecerán, y la noche y el día dejarán de ser. Todas las cosas que van y vienen, la marea, las
estaciones del año y las vidas de los hombres; todas las cosas que cambian con el tiempo y que florecen
y se marchitan, se irán para no volver jamás. Lo eterno no se encuentra allí donde el tiempo ha fijado
un final para todo (T-29.VI.2:7-10).
Un curso de milagros distingue entre el espíritu que Dios creó y el mundo que el ego
Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras “crear” y
“fabricar”.… El ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue
fabricado en vez de creado (T-3.V.2:1; T-3.IV.3:1). El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones
que tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y, por
lo tanto, sí puedes. Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmutable. Lo que tú has fabricado siempre
Un curso de milagros es inequívoco en este punto sobre la no creación del universo físico
por Dios. Transigir aquí es imposible sino incurriremos en que su sistema de pensamiento
se haga totalmente inefectivo. El Curso adopta una clara postura en lo que respecta a la
integridad de su enseñanza:
Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. Pues es completamente cierto o
completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. Y tú te escaparás enteramente del
sufrimiento o no te escaparás en absoluto. La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te
puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno.
Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento (T-22.II.7:3-8).
Para replantear la razón fundamental del ego: Al reconocer que no podía vencer a la
Presencia del Espíritu Santo en la mente, el ego procuró ocultarse en un mundo material
el cual tuvo que fabricar para poder esconderse. Además, como parte de este plan para
escaparse de Dios, el ego comenzó a fragmentarse a sí mismo, una y otra vez, al tiempo
que se materializaba en la forma, como si esperase encontrar seguridad en los fragmentos
cuantitativos los cuales creyó que diluirían la Presencia del Espíritu Santo en la mente.
Cuando reinterpretamos la historia bíblica de el mito de Adán y Eva con el ego como
protagonista en vez de Dios el Curso nos provee una interesante versión alternativa y
paralela:
El Jardín del Edén—la condición que existía antes de la separación— era un estado mental en el que no
se necesitaba nada. Cuando Adán dio oídos a “las mentiras de la serpiente”, lo único que oyó fueron
falsedades.…Lo que se ve en sueños parece ser muy real. Lo que es más, en la Biblia se menciona que
sobre Adán se abatió un sueño profundo, mas no se hace referencia en ninguna parte a que haya
despertado.… Todo miedo se reduce, en última instancia, a la básica percepción errónea de que tienes la
capacidad de usurpar el poder de Dios.…Sólo después del sueño profundo que se abatió sobre Adán pudo
éste experimentar pesadillas (T-2.I.3:1-2, 5-6; 4:1,5). Dios no cree en el castigo. Su Mente no crea de
esa manera.…Este tipo de error es responsable de una multitud de errores similares, incluyendo la
creencia de que Dios rechazó a Adán y lo expulsó del Jardín del Edén.
(T-3.I.3:4-5,9).
No fue Dios Quien trató de castigar a Adán al echarlo del Cielo, sino la premeditación del
ego que convenció al Hijo dormido para que creyese que podía estar a salvo en un
mundo que el ego fabricó, en lugar del que Dios creó. Desde su punto de vista, por
supuesto, el ego tenía razón de sentirse amenazado. Pero el Hijo no tiene por qué
escuchar su voz. Como nos exhorta el Curso:
“Tú no tienes por qué continuar creyendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijas” (T-2.I.3:3).
Así que el universo material—en el cual el Curso incluye a todos los universos—sirve al
propósito del ego de ocultarle al Hijo su realidad. Es una cortina de humo la cual sirve,
además como un camuflaje para esconderse. El ego nos dice que nos estamos
escondiendo de Dios; en apariencia el mundo nos permite escondernos de nuestra culpa.
El Curso describe esta dinámica:
El mundo surgió para ocultarlo (al error original), y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó
[la separación] la cual se interpuso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde
la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento.
¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está
invertido y al revés [una referencia a la imagen invertida en la retina]? Eso fue inevitable. Pues si se
llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda
proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado esa proyección sino locura,
pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo (T-18.I.6:2-8).
El coronamiento del plan del ego para evadir al Espíritu Santo es la fabricación del
cuerpo:
El deseo fundamental del ego es suplantar a Dios. De hecho, el ego es la encarnación física de ese deseo.
Pues es este deseo lo que parece encerrar a la mente con un cuerpo, manteniéndola sola y separada e
incapaz de llegar a otras mentes, excepto a través del mismo cuerpo que fue hecho con el propósito de
aprisionarla (L-pI.72.2:1-3).
Es el cuerpo—la encarnación del ego—el que convence al ego de que el mundo físico es
real. Mas el cuerpo se fabricó como parte del plan del ego para ocultar la Realidad, y a
duras penas se puede considerar como un testigo fiable.
Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente
que lo concibió mensajes descabellados. Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo
proclaman real.…De lo único que dichos mensajes te hablan es de cosas externas. No hay mensaje que
hable de lo que está subyacente [la Realidad], pues el cuerpo no podría hablar de ello. Sus ojos no lo
pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completamente inconscientes de ello y su lengua no puede
transmitirte sus mensajes (T-18.IX.3:1-2,4-6).
Considera por un momento: ¿Qué sino el cuerpo afirma en términos “seguros ” que la
separación es real? ¿Qué más sino el cuerpo da testimonio de que la verdad (espíritu) por
ser invisible no existe, y que las ilusiones (universo físico, ) por ser visibles sí que existen?
Cuando hiciste que lo que no es verdad fuese visible, lo que es verdad se volvió invisible para ti.
(T-12.VIII.3:1).
¿Qué es lo que nos dice que hay un mundo externo que puede verse, oírse, saborearse,
olerse y sentirse; que juzga lo que es bello y lo que es feo; que percibe la separación
dentro y fuera de sí mismo? ¡El cuerpo! Nuestros órganos sensoriales transmiten mensajes
del mundo “externo ” a nuestros cerebros, el cual los interpreta entonces como imágenes
que difieren entre sí del susodicho mundo real. Y, sin embargo, como afirma el Curso, el
cuerpo es el único en todo el mundo que no sabe lo qué es la Realidad:
El cuerpo es incapaz de saber nada. Y mientras limites tu conciencia a sus insignificantes sentidos, no
podrás ver la grandeza que te rodea (T-18.VIII.2:1-2).
La capacidad de percibir hizo que el cuerpo fuese posible, ya que tienes que percibir algo y percibirlo
con algo (T-3.IV.6:1).
Y es a este yo falsamente creado (a “este transeúnte extraño ” ) a quien le pedimos ayuda
en torno a quiénes somos:
No le preguntes a ese transeúnte: “¿Qué soy”? El es la única cosa en todo el universo que no lo sabe.
Sin embargo, es a él a quien se lo preguntas, y es a su respuesta a la que deseas amoldarte.…A él te
diriges para preguntarle el significado del universo. Y a lo único que es ciego en todo el universo
vidente de la verdad le preguntas: ¿“Cómo debo contemplar al Hijo de Dios”? (T-20.III.7:5-7,9-10)
Un curso de milagros nos describe la locura del sueño de este mundo:
El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que
es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con
tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo
cosas que no tienen sentido, y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni
quiere. Contrata a otros cuerpos para que lo protejan y para que coleccionen más cosas sin sentido que él
pueda llamar suyas. Busca otros cuerpos especiales que puedan compartir su sueño. A veces sueña que
es un conquistador de cuerpos más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de
otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarlo (T-27.VIII.2).
¿Qué es el mundo, sino una diminuta brecha que parece desgarrar la eternidad y fragmentarla en días,
meses y años? ¿Y qué sois vosotros que vivís en el mundo, sino una imagen fragmentada del Hijo de
Dios, donde cada uno de los fragmentos está oculto dentro de un trocito de barro separado e inseguro?
(T-28.III.7:4-5)
En resumen, el Nivel Uno contrasta la Realidad del Cielo con la ilusión del infierno que
fabricamos. En este nivel, Un curso de milagros no concilia ningún arreglo entre los dos
pues ambos no pueden ser verdaderos. La realidad de uno niega la existencia del otro, y
el Curso enseña que no puedes tener un poquito de infierno en el Cielo, ni un poquito de
Cielo en el infierno. Esta posición metafísica es el fundamento de la enseñanza de perdón
del Curso.
El ego intenta opacar la diferencia entre la verdad del Cielo y la ilusión del mundo para
lograr su propósito de mantener el problema del ego alejado de la Respuesta de Dios. El
problema es la creencia en la realidad del sueño, que radica en nuestras mentes para el
cual Dios creó al Espíritu Santo como la Respuesta. Al apartarse de la mente, el ego logra
confundir la Voz del Espíritu Santo. El mundo, y todos sus problemas exigen nuestra
atención, y nos distrae con respecto al origen del problema real: nuestra creencia en el
mundo y en la separación que lo originó. No sólo el Reino del Cielo se encuentra en
nuestro interior, sino también el reino del ego. Un curso de milagros resume este aspecto
del plan del ego:
No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. …Esta es la situación del mundo. El
problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto [por el
Espíritu Santo]. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el
problema.… Toda esta complejidad [de los problemas del mundo] no más que un intento desesperado de
no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva (L-pI.79.1:1,3-5; 6:1).
Antes que podamos discutir la respuesta de perdón que ofrece el Espíritu Santo, primero
tenemos que mirar el modo como funciona la mente dividida y separada y como ese
modo se manifiesta en este mundo de sueños. La trinidad de pecado, culpa y miedo como
parte inherente al ego original—el Hijo de Dios que se quedó dormido—permanece
dentro de cada parte o fragmento de la Filiación. Así que cada parte aparentemente
separada—los falsos yos individuales (o personalidades) con las cuales nos
identificamos—lleva consigo, consciente o inconscientemente, la creencia original en el
pecado, la culpa y el miedo.