domingo, 11 de abril de 2010

NIVEL UNO: DIOS O EL EGO



Extracto del libro de Gloria y Kenneth Wapnick Despierta del sueño.
Colección Fundación, editado por El Grano de Mostaza.
Estos son extractos de los libros de Kenneth Wapnick, ocasionalmente se han realizado algunas correcciones de estilo, pero el
contenido no se ha alterado en absoluto. Para distinguir los textos provinentes del Curso el cuerpo de la letra es menor y de color
El Nivel Uno refleja el drama cósmico que parece enfrentar a Dios con el ego en una
lucha por la supremacía.
Son estados que se excluyen mutuamente Dios y el ego, el Cielo y el mundo, la verdad y
la ilusión, no hay un punto de encuentro entre ellos.
Por otra parte en el Nivel Dos tenemos las enseñanza práctica del perdón.
El Espíritu Santo es la Respuesta de Dios en el instante en que el pensamiento de
En el instante en que la idea de la separación se introdujo en la mente del Hijo de Dios, en ese mismo
instante Dios dio Su Respuesta (M-2.2:6).
El Espíritu Santo, como la Voz que habla por Dios, permanece presente siempre en la
mente del Hijo dormido. Continuamente provee la respuesta al pensamiento de separación
del ego, presente en la mente del Hijo que duerme.
El ego raramente experimenta la presencia del Espíritu Santo como un consuelo. Lo
percibe como una intrusión, un ataque que le recuerda a la mente dormida del Hijo el
mensaje de la Expiación. El mensaje nos dice: que en verdad la separación jamás ocurrió,
por lo cual no es nada más que un sueño ilusorio.
Nada real puede ser amenazado.
En esto radica la paz de Dios (T-in.2:2-4).
La única alternativa que nos queda dentro de la creencia en el estado de post-separación
fluctúa entre ser anfitrión de Dios al escuchar Su Voz o ser rehén del ego. Sin embargo, si
la mente dormida del Hijo escucha la “Voz suave” del Espíritu Santo, despertará del
sueño de separación y el ego desaparecerá:
Los Pensamientos de Dios [a través del Espíritu Santo] son inaceptables para el ego porque apuntan
claramente al hecho de que él no existe
El ego, para evitar lo que él considera su extinción, tiene que hacer algo.
Incapaz de derrotar a la amorosa Voz de Dios en un encuentro frontal, el ego no obstante
puede anular esta Presencia amorosa al convertirla en algo distinto. Aprovechándose de la
culpa del Hijo, lo convence de que el Espíritu Santo es el mensajero del furioso Dios
vengativo, decidido a destruir al Hijo. Por lo tanto:
La Expiación se convierte en un mito, y lo que la Voluntad de Dios dispone es la venganza, no el
perdón. Desde allí donde todo esto se origina, no se ve nada que pueda ser realmente una ayuda. Sólo la
destrucción puede ser el resultado final. Y Dios Mismo parece estar poniéndose de parte de ello para
derrotar a Su Hijo (T-23.II.8:2-5).
Intensamente enajenado por las mentiras del ego el Hijo dormido escucha a éste, que
ahora se ha convertido en su mentor y “salvador ”, y trata de huir del Espíritu Santo. El
ego exhorta al Hijo a que escape del Espíritu Santo y que abandone la mente que se ha
transformado en un campo de batalla en el cual el Hijo será destruido. De ese modo el
ego nos ha dicho literalmente que “salgamos de nuestras mentes ”; tal como Un curso de
milagros nos lo recuerda con frecuencia, el sistema de pensamiento del ego es
completamente demente.
Este “abandono de la mente ” se conoce psicológicamente como proyección, y lo que
estaba dentro de la mente ahora se percibe fuera. Recuerda que lo que alberga la mente
dividida es el pensamiento de separación, proyectado externamente, y por lo tanto, lo que
se percibe fuera de la mente es este pensamiento al cual se le ha dado forma; esto parece
ser un mundo material separado que manifiesta la creencia en la separación del ego. Esta
es la presentación que hace el Curso sobre la fabricación o falsa creación del mundo y es
similar a la hipótesis científica del origen del universo conocida como el Big Ban.
Un curso de milagros, interpreta al universo físico como una defensa que el ego emprende
en un acto desafiante de creación falsa, para protegerse de la temible imagen de Dios
fabricada por el propio ego:
El conflicto fundamental en este mundo es, pues, entre la creación y la creación falsa. Todo miedo está
implícito en la segunda, y todo amor en la primera. El conflicto es, por lo tanto, entre el amor y el
Aquí vemos pues que la explicación del Curso es claramente la antítesis de la visión
judeo-cristiana de que el mundo es la creación de Dios:
El mundo que ves no es más que la ilusión de un mundo. Dios no lo creó, pues lo que El crea tiene que
ser tan eterno como El. En el mundo que ves, no obstante, no hay nada que haya de perdurar para
siempre. Algunas cosas durarán en el tiempo algo más que otras. Pero llegará el momento en el que a
todo lo visible le llegue su fin (C-4.1). A todo lo que parece eterno le llegará su fin. Las estrellas
desaparecerán, y la noche y el día dejarán de ser. Todas las cosas que van y vienen, la marea, las
estaciones del año y las vidas de los hombres; todas las cosas que cambian con el tiempo y que florecen
y se marchitan, se irán para no volver jamás. Lo eterno no se encuentra allí donde el tiempo ha fijado
un final para todo (T-29.VI.2:7-10).
Un curso de milagros distingue entre el espíritu que Dios creó y el mundo que el ego
Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras “crear” y
“fabricar”.… El ego es el aspecto inquisitivo del ser que surgió después de la separación, el cual fue
fabricado en vez de creado (T-3.V.2:1; T-3.IV.3:1). El Espíritu Santo y el ego son las únicas opciones
que tienes. Dios creó Una de ellas, y, por lo tanto, no puedes deshacerla. La otra la inventaste tú, y, por
lo tanto, sí puedes. Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmutable. Lo que tú has fabricado siempre
Un curso de milagros es inequívoco en este punto sobre la no creación del universo físico
por Dios. Transigir aquí es imposible sino incurriremos en que su sistema de pensamiento
se haga totalmente inefectivo. El Curso adopta una clara postura en lo que respecta a la
integridad de su enseñanza:
Este curso o bien se creerá enteramente o bien no se creerá en absoluto. Pues es completamente cierto o
completamente falso, y no puede ser creído sólo parcialmente. Y tú te escaparás enteramente del
sufrimiento o no te escaparás en absoluto. La razón te dirá que no hay un lugar intermedio donde te
puedas detener indeciso, esperando a elegir entre la felicidad del Cielo o el sufrimiento del infierno.
Hasta que no elijas el Cielo, estarás en el infierno y abatido por el sufrimiento (T-22.II.7:3-8).
Para replantear la razón fundamental del ego: Al reconocer que no podía vencer a la
Presencia del Espíritu Santo en la mente, el ego procuró ocultarse en un mundo material
el cual tuvo que fabricar para poder esconderse. Además, como parte de este plan para
escaparse de Dios, el ego comenzó a fragmentarse a sí mismo, una y otra vez, al tiempo
que se materializaba en la forma, como si esperase encontrar seguridad en los fragmentos
cuantitativos los cuales creyó que diluirían la Presencia del Espíritu Santo en la mente.
Cuando reinterpretamos la historia bíblica de el mito de Adán y Eva con el ego como
protagonista en vez de Dios el Curso nos provee una interesante versión alternativa y
paralela:
El Jardín del Edén—la condición que existía antes de la separación— era un estado mental en el que no
se necesitaba nada. Cuando Adán dio oídos a “las mentiras de la serpiente”, lo único que oyó fueron
falsedades.…Lo que se ve en sueños parece ser muy real. Lo que es más, en la Biblia se menciona que
sobre Adán se abatió un sueño profundo, mas no se hace referencia en ninguna parte a que haya
despertado.… Todo miedo se reduce, en última instancia, a la básica percepción errónea de que tienes la
capacidad de usurpar el poder de Dios.…Sólo después del sueño profundo que se abatió sobre Adán pudo
éste experimentar pesadillas (T-2.I.3:1-2, 5-6; 4:1,5). Dios no cree en el castigo. Su Mente no crea de
esa manera.…Este tipo de error es responsable de una multitud de errores similares, incluyendo la
creencia de que Dios rechazó a Adán y lo expulsó del Jardín del Edén.
(T-3.I.3:4-5,9).
No fue Dios Quien trató de castigar a Adán al echarlo del Cielo, sino la premeditación del
ego que convenció al Hijo dormido para que creyese que podía estar a salvo en un
mundo que el ego fabricó, en lugar del que Dios creó. Desde su punto de vista, por
supuesto, el ego tenía razón de sentirse amenazado. Pero el Hijo no tiene por qué
escuchar su voz. Como nos exhorta el Curso:
“Tú no tienes por qué continuar creyendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijas” (T-2.I.3:3).
Así que el universo material—en el cual el Curso incluye a todos los universos—sirve al
propósito del ego de ocultarle al Hijo su realidad. Es una cortina de humo la cual sirve,
además como un camuflaje para esconderse. El ego nos dice que nos estamos
escondiendo de Dios; en apariencia el mundo nos permite escondernos de nuestra culpa.
El Curso describe esta dinámica:
El mundo surgió para ocultarlo (al error original), y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó
[la separación] la cual se interpuso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde
la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento.
¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está
invertido y al revés [una referencia a la imagen invertida en la retina]? Eso fue inevitable. Pues si se
llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda
proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado esa proyección sino locura,
pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo (T-18.I.6:2-8).
El coronamiento del plan del ego para evadir al Espíritu Santo es la fabricación del
cuerpo:
El deseo fundamental del ego es suplantar a Dios. De hecho, el ego es la encarnación física de ese deseo.
Pues es este deseo lo que parece encerrar a la mente con un cuerpo, manteniéndola sola y separada e
incapaz de llegar a otras mentes, excepto a través del mismo cuerpo que fue hecho con el propósito de
aprisionarla (L-pI.72.2:1-3).
Es el cuerpo—la encarnación del ego—el que convence al ego de que el mundo físico es
real. Mas el cuerpo se fabricó como parte del plan del ego para ocultar la Realidad, y a
duras penas se puede considerar como un testigo fiable.
Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente
que lo concibió mensajes descabellados. Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo
proclaman real.…De lo único que dichos mensajes te hablan es de cosas externas. No hay mensaje que
hable de lo que está subyacente [la Realidad], pues el cuerpo no podría hablar de ello. Sus ojos no lo
pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completamente inconscientes de ello y su lengua no puede
transmitirte sus mensajes (T-18.IX.3:1-2,4-6).
Considera por un momento: ¿Qué sino el cuerpo afirma en términos “seguros ” que la
separación es real? ¿Qué más sino el cuerpo da testimonio de que la verdad (espíritu) por
ser invisible no existe, y que las ilusiones (universo físico, ) por ser visibles sí que existen?
Cuando hiciste que lo que no es verdad fuese visible, lo que es verdad se volvió invisible para ti.
(T-12.VIII.3:1).
¿Qué es lo que nos dice que hay un mundo externo que puede verse, oírse, saborearse,
olerse y sentirse; que juzga lo que es bello y lo que es feo; que percibe la separación
dentro y fuera de sí mismo? ¡El cuerpo! Nuestros órganos sensoriales transmiten mensajes
del mundo “externo ” a nuestros cerebros, el cual los interpreta entonces como imágenes
que difieren entre sí del susodicho mundo real. Y, sin embargo, como afirma el Curso, el
cuerpo es el único en todo el mundo que no sabe lo qué es la Realidad:
El cuerpo es incapaz de saber nada. Y mientras limites tu conciencia a sus insignificantes sentidos, no
podrás ver la grandeza que te rodea (T-18.VIII.2:1-2).
La capacidad de percibir hizo que el cuerpo fuese posible, ya que tienes que percibir algo y percibirlo
con algo (T-3.IV.6:1).
Y es a este yo falsamente creado (a “este transeúnte extraño ” ) a quien le pedimos ayuda
en torno a quiénes somos:
No le preguntes a ese transeúnte: “¿Qué soy”? El es la única cosa en todo el universo que no lo sabe.
Sin embargo, es a él a quien se lo preguntas, y es a su respuesta a la que deseas amoldarte.…A él te
diriges para preguntarle el significado del universo. Y a lo único que es ciego en todo el universo
vidente de la verdad le preguntas: ¿“Cómo debo contemplar al Hijo de Dios”? (T-20.III.7:5-7,9-10)
Un curso de milagros nos describe la locura del sueño de este mundo:
El sueño del mundo adopta innumerables formas porque el cuerpo intenta probar de muchas maneras que
es autónomo y real. Se engalana a sí mismo con objetos que ha comprado con discos de metal o con
tiras de papel moneda que el mundo considera reales y de gran valor. Trabaja para adquirirlos, haciendo
cosas que no tienen sentido, y luego los despilfarra intercambiándolos por cosas que ni necesita ni
quiere. Contrata a otros cuerpos para que lo protejan y para que coleccionen más cosas sin sentido que él
pueda llamar suyas. Busca otros cuerpos especiales que puedan compartir su sueño. A veces sueña que
es un conquistador de cuerpos más débiles que él. Pero en algunas fases del sueño, él es el esclavo de
otros cuerpos que quieren hacerle sufrir y torturarlo (T-27.VIII.2).
¿Qué es el mundo, sino una diminuta brecha que parece desgarrar la eternidad y fragmentarla en días,
meses y años? ¿Y qué sois vosotros que vivís en el mundo, sino una imagen fragmentada del Hijo de
Dios, donde cada uno de los fragmentos está oculto dentro de un trocito de barro separado e inseguro?
(T-28.III.7:4-5)
En resumen, el Nivel Uno contrasta la Realidad del Cielo con la ilusión del infierno que
fabricamos. En este nivel, Un curso de milagros no concilia ningún arreglo entre los dos
pues ambos no pueden ser verdaderos. La realidad de uno niega la existencia del otro, y
el Curso enseña que no puedes tener un poquito de infierno en el Cielo, ni un poquito de
Cielo en el infierno. Esta posición metafísica es el fundamento de la enseñanza de perdón
del Curso.
El ego intenta opacar la diferencia entre la verdad del Cielo y la ilusión del mundo para
lograr su propósito de mantener el problema del ego alejado de la Respuesta de Dios. El
problema es la creencia en la realidad del sueño, que radica en nuestras mentes para el
cual Dios creó al Espíritu Santo como la Respuesta. Al apartarse de la mente, el ego logra
confundir la Voz del Espíritu Santo. El mundo, y todos sus problemas exigen nuestra
atención, y nos distrae con respecto al origen del problema real: nuestra creencia en el
mundo y en la separación que lo originó. No sólo el Reino del Cielo se encuentra en
nuestro interior, sino también el reino del ego. Un curso de milagros resume este aspecto
del plan del ego:
No puedes resolver un problema a menos que sepas de qué se trata. …Esta es la situación del mundo. El
problema de la separación, que es en realidad el único problema que hay, ya se ha resuelto [por el
Espíritu Santo]. No obstante, la solución no se ha reconocido porque no se ha reconocido el
problema.… Toda esta complejidad [de los problemas del mundo] no más que un intento desesperado de
no reconocer el problema y, por lo tanto, de no permitir que se resuelva (L-pI.79.1:1,3-5; 6:1).
Antes que podamos discutir la respuesta de perdón que ofrece el Espíritu Santo, primero
tenemos que mirar el modo como funciona la mente dividida y separada y como ese
modo se manifiesta en este mundo de sueños. La trinidad de pecado, culpa y miedo como
parte inherente al ego original—el Hijo de Dios que se quedó dormido—permanece
dentro de cada parte o fragmento de la Filiación. Así que cada parte aparentemente
separada—los falsos yos individuales (o personalidades) con las cuales nos
identificamos—lleva consigo, consciente o inconscientemente, la creencia original en el
pecado, la culpa y el miedo.

sábado, 27 de marzo de 2010

El camino del amor, el camino del miedo




Toda tu vida no es más que un sueño. Vives inmerso en una fantasía en la que todo lo que sabes sobre ti mismo sólo es verdad para ti. Tu verdad no es la verdad de nadie más y eso incluye a tus propios hijos o a tus propios padres. Piensa, sencillamente, en lo que tú crees acerca de ti mismo y en lo que tu madre cree de ti. Ella dice conocerte muy bien, pero en realidad no tiene ni idea de quién eres. Tú sabes que no lo sabe. Por otro lado, tú puedes creer que conoces a tu madre muy bien, pero no tienes ni idea de quién es realmente. En su mente guarda todas esas fantasías que nunca compartió con nadie. No tienes la menor idea de lo que hay en su mente.
Si analizas tu propia vida e intentas recordar lo que hacías cuando tenías once o doce años, comprobarás que a duras penas recuerdas más del cinco por ciento de las cosas que has hecho. Rememorarás las más importantes, por supuesto, cosas como tu nombre, porque es algo que se repite constantemente. Pero, en ocasiones, hasta te olvidas del nombre de tus hijos o del de tus amigos. Eso ocurre porque tu vida se compone de sueños: una infinidad de pequeños sueños que cambian constantemente. Los sueños tienden a disolverse, y por esa razón, olvidamos con tanta facilidad.
Todo ser humano tiene un sueño personal de la vida y ese sueño es completamente diferente del sueño de cualquier otra persona. Soñamos en concordancia con todas las creencias que tenemos y modificamos nuestro sueño según sea nuestra manera de juzgar, según sean nuestras heridas. A eso se debe que los sueños nunca sean iguales para dos personas. En una relación podemos fingir que somos iguales, que pensamos de la misma manera, que sentimos lo mismo, que soñamos lo mismo, pero eso es del todo imposible. Hay dos soñadores con dos sueños. Cada soñador soñará su sueño a su manera. Este es el motivo por el que necesitamos aceptar las diferencias que existen entre dos soñadores; necesitamos respetar el sueño de cada uno.
Es posible mantener miles de relaciones a la vez, pero cada una de esas relaciones es sólo entre dos personas y no más de dos. Yo tengo una relación con cada uno de mis amigos y sólo tiene lugar entre los dos.
Tengo una relación con cada uno de mis hijos y cada relación es completamente distinta de las otras. Según el modo en que sueñen estas dos personas se creará la dirección del sueño que denominamos relación. Cada relación que tenemos -con mamá, papá, los hermanos, las hermanas, los amigos- es única porque soñamos un pequeño sueño juntos. Toda relación se convierte en un ser vivo que ha sido engendrado por dos soñadores.
De la misma manera que tu cuerpo está hecho de células, tus sueños están hechos de emociones. Existen dos cuentes principales para esas emociones: una es el miedo y todas las emociones que surgen de él; la otra es el amor y todas las emociones que emanan de él. Experimentamos ambas emociones, pero, en la gente corriente, la que predomina es la del miedo. Podría decirse que, en este mundo, el tipo normal de relación está compuesto por un 95 por ciento de miedo y un 5 por ciento de amor. Esto cambia según las personas, por supuesto, pero aun cuando el miedo ocupe el 60 por ciento y el amor el 40 por ciento, todavía seguirá basándose en el miedo.
Para comprender mejor estas emociones, describiré determinadas características sobre el amor y sobre el miedo que yo denomino el «camino del amor» y el «camino del miedo». Estos dos caminos son meros puntos de referencia para entender de qué modo vivimos nuestra vida. El propósito de estas divisiones es facilitarle a la mente lógica la comprensión para que, de este modo, intente obtener algún control sobre las elecciones que hacemos. Veamos algunas de las características del amor y del miedo.
En el amor no existen obligaciones. El miedo está lleno de obligaciones. En el camino del miedo, la razón de cualquier cosa que hagamos es que «tenemos» que hacerla y esperamos que otras personas hagan algo porque «tienen» que hacerlo. Tenemos una obligación y tan pronto como «tenemos» que hacer algo, nos resistimos a hacerlo. Cuanta más resistencia opongamos, más sufriremos. Más tarde o más temprano intentamos escaparnos de nuestras obligaciones. Por otra parte, el amor no tiene resistencias. Todo lo que hacemos es porque queremos hacerlo. Se convierte en un placer; es como un juego y nos divertimos con él.
El amor no tiene expectativas. El miedo está lleno de expectativas. Cuando tenemos miedo, hacemos cosas porque suponemos que tenemos que hacerlas y esperamos que los demás hagan lo mismo. Esa es la razón por la que el miedo provoca dolor y el amor no. Esperamos algo, y si no tiene lugar, nos sentimos heridos: no es justo. Culpamos a los demás por no satisfacer nuestras expectativas. Cuando amamos no tenemos expectativas; cuando hacemos algo es porque queremos y si los demás lo hacen o no, es porque quieren o no quieren hacerlo y no nos lo tomamos como algo personal. Cuando no esperamos que suceda nada, y no sucede nada, no nos llama la atención. No nos sentimos heridos porque, suceda lo que suceda, está bien. Esta es la razón por la que, cuando estamos enamorados, las cosas apenas nos duelen; no esperamos nada de nuestro amante y no tenemos obligaciones.
El amor se basa en el respeto. El miedo no respeta nada, ni tan siquiera se respeta a sí mismo. Desde el momento que yo siento lástima por ti, dejo de respetarte, porque creo que no eres capaz de hacer tus propias elecciones. Y cuando empiezo a hacer las elecciones por ti, te pierdo el respeto del todo. Entonces, como no te respeto, intento controlarte. Para poner un ejemplo, podríamos decir que la mayoría de las veces en las que les decimos a nuestros hijos cómo deben vivir su vida, es porque no los respetamos. Sentimos lástima de ellos e intentamos hacer lo que deberían hacer por sí mismos. Por otro lado, cuando yo no me respeto a mí mismo, siento lástima de mí mismo, pienso que no soy lo bastante bueno para desenvolverme en este mundo. Pero ¿cómo puedes saber una cosa así si no te respetas a ti mismo, si no dejas de decirte: «Pobre de mí, no soy lo suficientemente fuerte, no soy lo suficientemente inteligente, no soy lo suficientemente guapo, no puedo hacerlo»? La autocompasión proviene de la falta de respeto.
El amor no tiene piedad; no siente lástima por nadie, pero tiene compasión. El miedo está lleno de pena, siente lástima por todos. Tú sientes lástima por mí cuando no me respetas, cuando piensas que no soy lo bastante fuerte para desenvolverme por mí mismo. Por el contrario, el amor respeta. Te amo, sé que puedes hacerlo. Sé que eres lo suficientemente fuerte, lo suficientemente inteligente, y estás lo suficientemente capacitado para hacer tus propias elecciones. Yo no tengo que hacerlo por ti. Tú puedes conseguirlo. Si te caes, te tenderé la mano, te ayudaré a levantarte. Te diré: «Puedes hacerlo, adelante». Eso es compasión, pero tener compasión no es lo mismo que sentir lástima. La compasión proviene del respeto y del amor; el sentimiento de lástima proviene de la falta de respeto y del miedo.
El amor es totalmente responsable. El miedo evita la responsabilidad, aunque esto no significa que no sea responsable. El intento de evitar la responsabilidad es uno de los errores más grandes que cometemos, porque cada acción tiene una consecuencia. Todo lo que pensamos, todo lo que hacemos, tiene una consecuencia. Si hacemos una elección, obtenemos un resultado o una reacción. Si no la hacemos, también obtenemos un resultado o una reacción. De un modo u otro, siempre experimentamos las consecuencias de nuestras acciones. Esta es la razón por la cual todo ser humano es totalmente responsable de sus actos, aunque no quiera serlo, ya que aun cuando otras personas intenten pagar por sus errores, al final acaba pagando por ellos, y en esas ocasiones, el doble. Cuando otras personas intentan hacerse responsables de ti sólo consiguen aumentar el drama.
El amor es siempre amable. El miedo es siempre rudo. Con el miedo nos llenamos de obligaciones, de expectativas, perdemos el respeto, evitamos la responsabilidad y sentimos lástima. ¿Cómo podemos sentirnos bien cuando el miedo nos hace sufrir tanto? Nos sentimos víctimas por todo, enfadados o tristes, celosos o traicionados.
El enfado no es otra cosa que el miedo cubierto con una máscara. La tristeza también es el miedo cubierto con una máscara. Y los celos son miedo cubierto con una máscara. Y con todas esas emociones que provienen del miedo, y que nos causan sufrimiento, únicamente somos capaces de fingir la amabilidad. No somos amables porque no nos sentimos bien, y tampoco somos felices. Si estás en el camino del amor, no tienes obligaciones, no tienes expectativas. No sientes lástima de ti mismo ni de tu pareja. Todo te va bien y esa es la razón por la que siempre hay una sonrisa dibujada en tu rostro. Te sientes bien contigo mismo, y como eres feliz, eres amable. El amor siempre es amable y esa amabilidad te convierte en una persona generosa y te abre todas las puertas. El amor es generoso. El miedo es egoísta; sólo se ocupa de uno mismo. El egoísmo cierra todas las puertas.
El amor es incondicional. El miedo está lleno de condiciones. En el camino del miedo, te amo si permites que te controle, si eres bueno conmigo, si te ajustas a la imagen que he creado de ti. Construyo una imagen de cómo deberías ser, y dado que no eres y nunca serás como esa imagen, té juzgo por esa razón y te declaro culpable. En muchas ocasiones, incluso llego a sentirme avergonzado de ti porque no eres lo que yo quiero que seas. Si no te ajustas a la imagen que yo he creado, me avergüenzas, me enfureces, no tengo la menor paciencia contigo. Sólo finjo ser amable. En el camino del amor no hay ningún «si»; no hay condiciones. Te amo sin que hayan razones ni justificaciones de por medio. Te amo tal como eres y eres libre de ser tú mismo. Si no me gusta tu forma de ser, entonces será mejor que busque a alguien que sea como a mí me guste. No tenemos el derecho de cambiar a nadie y nadie tiene el derecho de cambiarnos a nosotros. Si cambiamos será porque nosotros queremos cambiar, porque no queremos seguir sufriendo.
La mayoría de la gente vive su vida entera en el camino del miedo. Aguanta una relación porque siente que tiene que hacerlo. Mantiene una relación con todas esas expectativas respecto a su pareja y respecto a sí misma. Y el origen de todo ese drama y ese sufrimiento está en que utilizamos los canales de comunicación que ya existían antes de nuestro nacimiento. La gente juzga y se convierte en víctima, explica chismes de los demás, critica con sus amigos en el bar. Consigue que los miembros de una familia se odien los unos a los otros. Acumula veneno emocional y lo esparce entre sus hijos. «Mira lo que me hizo tu padre. No seas como él. Todos los hombres son iguales; todas las mujeres son iguales.» Esto es lo que hacemos con las personas a las que tanto queremos: con nuestros propios hijos, con nuestros amigos, con nuestras parejas.
En el camino del miedo tenemos tantas condiciones, expectativas y obligaciones que inventamos muchas reglas a fin de protegernos contra el dolor emocional, cuando, lo cierto es que no debería existir ninguna regla. Estas reglas perjudican la calidad de los canales de comunicación entre nosotros, porque, cuando tenemos miedo, mentimos. Si tu expectativa es que tengo que ser de una manera determinada, entonces yo me siento obligado a ser de ese modo, aunque en realidad no soy lo que tú quieres que sea. Entonces, el día que soy sincero y me muestro tal como soy, te sientes herido, te enfadas, así que te miento porque temo tu juicio. Tengo miedo de que vayas a censurarme, a declararme culpable y a castigarme. Y después, cada vez que te acuerdas de ese error, me castigas sin cesar por él.
En el camino del amor existe la justicia. Si cometes un error solamente pagas una vez por él, y si realmente te amas a ti mismo, aprendes de ese error. En el camino del miedo no existe la justicia. Te obligas a pagar miles de veces por el mismo error. Haces que tu pareja o tu amigo pague mil veces por el mismo error, lo que provoca un gran sentimiento de injusticia y abre muchas heridas emocionales. Después, por supuesto, te preparas para fracasar. Los seres humanos hacen dramas de todo, incluso de las cosas sencillas y pequeñas. Pero si vemos esas desdichas en las relaciones normales del infierno es porque las parejas están en el camino del miedo.
En toda relación hay dos mitades. Tú eres una mitad y la otra mitad es tu hijo, tu hija, tu padre, tu madre, tus amigos, tu pareja. De esas mitades, eres responsable sólo de tu parte; no eres responsable de la otra mitad. No importa cuán próximo te sientas o cuánta fuerza creas que tiene tu amor, bajo ningún concepto puedes ser responsable de lo que otra persona tiene en su cabeza. No te es posible saber lo que siente esa persona ni lo que cree ni conocer todas las suposiciones que hace. No sabes nada de ella. Esa es la verdad, pero ¿qué hacemos? Intentamos hacernos responsables de la otra mitad y esa es la razón por la que las relaciones del infierno se basan en el miedo, la desdicha y la guerra sobre el control.
Si tomamos parte en una guerra sobre el control es porque no tenemos respeto. La verdad es que no amamos. Se trata de egoísmo, no de amor; el único propósito es el de recibir las pequeñas dosis que nos hacen sentir bien. Cuando no tenemos respeto, iniciamos una guerra de control porque cada persona se siente responsable de la otra. Tengo que controlarte porque no te respeto. Tengo que hacerme responsable de ti porque cualquier cosa que te suceda a ti va a herirme a mí y yo quiero evitar el dolor. Entonces, si veo que no estás siendo responsable, te machacaré incesantemente para intentar que seas responsable, pero «responsable» desde mi punto de vista. Y eso no significa que yo tenga razón.
Esto es lo que ocurre cuando tomamos el camino del miedo. Como no te respeto, actúo como si tú no fueses lo suficientemente capaz o lo suficientemente inteligente para ver lo que es bueno o malo para ti. Doy por hecho que no eres lo bastante fuerte para desenvolverte en determinadas situaciones y cuidar de ti mismo. Tomo el control y te digo: «Déjame que lo haga por ti» o «No hagas eso». Intento suprimir tu mitad de la relación y controlarla por entero. Pero, si tomo el control de toda nuestra relación ¿dónde queda tu parte? No funciona.
Con la otra mitad podemos compartir, disfrutar, crear juntos el sueño más maravilloso. Pero ella seguirá teniendo siempre su propia voluntad, su propio sueño, un sueño que jamás podremos controlar por mucho empeño que pongamos en ello. Entonces, ante una situación así sólo podemos hacer dos cosas: bien crear un conflicto e iniciar una guerra de control o bien convertirnos en compañeros de juego y formar un equipo. Los compañeros de juego juegan junto a los jugadores del equipo, pero no contra ellos.
Si juegas a tenis, formarás un equipo con tu pareja y nunca iréis en contra el uno del otro: nunca. Aunque los dos juguéis al tenis de distinta manera, tenéis el mismo objetivo: compartir la diversión, jugar juntos, ser compañeros de juego. Ahora bien, si tu pareja quiere controlar el juego y te dice: «No, no juegues así; juega de esta otra manera. No, lo estás haciendo mal», no te divertirás en absoluto y con el tiempo, no querrás jugar más con ella. En este caso, en lugar de formar un equipo, lo que quiere tu pareja es controlar la forma que tienes de jugar. Y, sin el concepto de equipo, siempre tendrás un conflicto. Por lo tanto, si contemplas tu asociación, tu relación romántica, como un equipo, todo empezará a mejorar. En una relación, igual que en un juego, no se trata de ganar o de perder. Juegas porque quieres divertirte.
En el camino del amor, se da más que se toma, y por supuesto, te amas tanto a ti mismo que no permites que la gente egoísta se aproveche de ti. No buscas la venganza, pero te comunicas con claridad. Dices: «No me gusta cuando intentas aprovecharte de mí, cuando me faltas al respeto, cuando eres rudo conmigo. No necesito que nadie me maltrate ni verbal ni emocional ni físicamente. No necesito oír tus imprecaciones constantemente. No es porque yo sea mejor que tú, es porque amo la belleza, amo la risa, amo la diversión, amo el amor. No es que yo sea egoísta, es sólo que no siento la necesidad de tener a una gran víctima por compañía. No significa que no te ame, pero no puedo responsabilizarme de tu sueño. Si quieres mantener una relación conmigo, tu parásito se encontrará con muchas dificultades, porque no reaccionaré en absoluto a tu basura». Esto no es egoísmo; esto es amor hacia uno mismo. El egoísmo, el control y el miedo romperán casi cualquier relación. La generosidad, la libertad y el amor crearán la relación más bella: una continua aventura romántica.
Para ser maestro en una relación tienes que trabajar en ti mismo. El primer paso consiste en cobrar conciencia, en saber que todas las personas sueñan su propio sueño. Una vez que sabes esto, es posible responsabilizarte de tu mitad de la relación, que eres tú. Si sabes que sólo eres responsable de la mitad de la relación, controlarás fácilmente tu mitad. No nos corresponde a nosotros controlar a la otra mitad. Cuando respetamos, sabemos que nuestra pareja o nuestro amigo o nuestro hijo o nuestra madre es completamente responsable de su propia mitad. Si respetamos a la otra mitad, en esa relación siempre habrá paz. No habrá guerra.
Después, cuando sepas qué es el amor y qué es el miedo, cobrarás conciencia del modo en que comunicas tus sueños a los demás. La calidad de tu comunicación depende de las elecciones que haces en cada momento, según ajustes tu cuerpo emocional al amor o al miedo. Si te sorprendes a ti mismo en el camino del miedo, bastará con tener esa conciencia para cambiar el rumbo de tu atención y adentrarte en el camino del amor. Bastará con ver dónde estás, con cambiar la trayectoria de tu atención, y entonces, todo lo que te rodea también cambiará.
Finalmente, si eres consciente de que nadie más puede hacerte feliz y de que la felicidad es el resultado del amor que emana de ti, experimentarás la gran maestría de los toltecas, la maestría del amor.
Podemos hablar del amor y escribir mil libros sobre él, pero el amor será completamente diferente para cada uno de nosotros, porque tenemos qué experimentarlo. El amor no es un concepto; el amor son las acciones. El amor en acción únicamente genera felicidad. El miedo en acción sólo genera sufrimiento.
El único camino posible para ser maestro en el amor es practicarlo. No necesitas justificar tu amor, no necesitas explicar tu amor; sólo necesitas practicarlo. La práctica hace al maestro.
La maestria del amor. Dr. Miguel Ruiz

lunes, 1 de febrero de 2010

TE AMO


Lo digo con emoción y una inmensa alegría. Me inclino, a través de estas palabras, para rendir tributo a la luz que fluye desde tu bello corazón. Vengo a celebrar la fortaleza y la entrega de tu espíritu. Cada una de estas letras acariciará tu alma en señal de agradecimiento. No fue un año sencillo, las pruebas fueron rigurosas. Pese a todo, tu llama interna alumbró con hidalguía. Es por eso que traigo envuelto en el amor de este mensaje, mi sentir más genuino: Te amo.

¿Acaso no lo sabías? Te amo por Ser. Te amo por estar. Te amo por hacerme sentir acompañado. Te amo por ayudarme a despertar. Te amo por incentivar mis pasos. Te amo por mostrarte predispuesto a jugar, mientras recordamos nuestra esencia divina. Te amo por tener la valentía de iluminar sin descanso. Te amo al reconocer que me amo, porque somos y seremos Uno.

Los campos de conciencia que ayudamos a cultivar están floreciendo. Es tiempo de festejar. Muy pronto, un aroma fresco y puro comenzará a rociar el aire con vibraciones sutiles, repletas de color, magia y encanto. Ningún corazón podrá resistir tanta belleza. La luz traerá una profunda calma y felicidad. Terminará un largo ciclo de angustia y sufrimiento.

Ese será un gran día. No existirá represa capaz de frenar el agua celestial del río de la conciencia. Las almas saciarán su sed. Habrá amor en las miradas y paz en los corazones. La humanidad se fusionará en una vibración de hermandad que disipará toda frontera. Durante algunos instantes, nadie podrá comprender cómo fuimos capaces de vivir en la enajenación de la inconsciencia, privándonos de una energía tan armónica y sublime.
Mientras ese grandioso momento se aproxima, aún queda tarea por concluir. No te imaginás cuánto disfruto al divisar el deslumbrante futuro que nos aguarda. Tras un intenso peregrinar, colmado de enseñanzas transformadoras que impulsaron nuestro vuelo, nos volveremos a abrazar en la unidad del espíritu. La emoción será indescriptible. Sólo podré decirte, de corazón a corazón: Te amo, te amo, te amo.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La Navidad como símbolo del fin del sacrificio


En esta temporada (Navidad) en la que se celebra el nacimiento de la santidad en este mundo, únete a mi que me decidí a favor de la santidad en tu nombre. Nuestra tarea conjunta consiste en restaurar la conciencia de grandeza en aquel que Dios designó como Su anfitrión. Dar el don de Dios está más allá de tu pequeñez, pero no más allá de ti. Pues Dios quiere darse a sí mismo a través de ti. Él se extiende a sí mismo desde ti hacia todo el mundo, y más allá de todo el mundo hasta las creaciones de Su Hijo sin abandonarte. Él se extiende eternamente mucho más allá de tu insignificante mundo, aunque sin dejar de estar en ti. No obstante, Él te ofrece todas Sus extensiones a ti, puesto que eres Su anfitrión.....

El símbolo de la Navidad es una estrella: una luz en la obscuridad. No la veas como algo que se encuentra fuera de ti, sino como algo que refulge en el Cielo interno, y acéptala como la señal de que la hora de Cristo ha llegado. Cristo llega sin exigir nada. No le exige a nadie ningún tipo de sacrificio. En Su Presencia la idea de sacrificio deja de tener significado, pues Él es el Anfitrión de Dios. Y tú no tienes más que invitar a Aquel que ya se encuentra ahí, al reconocer que Su Anfitrión es Uno y que ningún pensamiento ajeno a Su Unicidad puede residir allí con Él. El amor tiene que ser total para que se le pueda dar la bienvenida, pues la Presencia de la santidad es lo que crea la santidad que lo envuelve. Ningún temor puede asaltar al Anfitrión que le abre los brazos a Dios en la hora de Cristo, pues el Anfitrión es tan santo como la Perfecta Inocencia a la que protege, y Cuyo poder a su vez lo protege a Él.
Esta Navidad entrégale al Espíritu Santo todo lo que te hiere. Permítete a ti mismo ser sanado completamente para que puedas unirte a Él en la curación, y celebremos juntos nuestra liberación liberando a todo el mundo junto con nosotros. Inclúyelo todo, pues la liberación es total, y cuando la hayas aceptado junto conmigo la darás junto conmigo. Todo dolor, sacrificio o pequeñez desaparecerá de nuestra relación, que es tan pura como la relación que tenemos con nuestro Padre, y tan poderosa. Todo dolor que se traiga ante nuestra presencia desaparecerá, y sin dolor no puede haber sacrificio. Y allí donde no hay sacrificio, allí está el amor.

domingo, 15 de noviembre de 2009

El proceso mental


Cuando el cuerpo responde a un pensamiento con una sensación, esta desencadena una respuesta en el cerebro. El cerebro que examina y evalúa sin cesar el estado del cuerpo, nota que este se siente de determinada manera, y, en respuesta a esa sensación corporal, generan pensamientos que provocan sus correspondientes mensajes químicos, de manera que comienzas a sentirte tal y como estas pensando. Los pensamientos generan sensaciones, y acto seguido, las sensaciones generan pensamientos, lo que se repite en un circulo interminable.
Este bucle crea un cierto estado corporal que determina la naturaleza general de nuestros sentimientos y comportamientos. Esto es lo que llamamos “estados del ser”.
Cuantas mas veces cojeamos los pensamientos que producen las mismas sustancias químicas, que a su vez, producen en el cuerpo las mismas sensaciones, mas modificaremos nuestro físico a través de los pensamientos. De esta manera, según lo que pensemos y la energía o intensidad de estos pensamientos, influyen directamente en nuestra salud, en las elecciones que hacemos, y en la postre, en nuestra calidad de vida. Puesto que tu eres el que hace funcionar estos programas, puedes elegir cambiarlos, incluso borrarlos.
El pensamiento inconsciente se transforma en nuestra forma automática del ser y afecta de forma directa a nuestras vidas, al igual que los pensamientos conscientes. De la misma forma que todos los pensamientos desencadenan reacciones químicas que guían nuestro comportamiento, los pensamientos repetitivos e inconscientes que generan patrones de conducta automáticos adquiridos que son casi involuntarios. Estos patrones e conducta son hábitos y, casi con seguridad, se establecieron de manera fija en la red neuronal del cerebro.
Romper el círculo de proceso de pensamiento que se ha convertido en inconsciente requiere concienciación y esfuerzo. En primer lugar, es necesario salir de la rutina para poder echar un vistazo a nuestra vidas.
Mediante la observación y la reflexión, podemos llegar a darnos cuenta de nuestros programas inconscientes. A partir de ese momento, debemos contemplar esos pensamientos sin responder a ellos, de manera que no sigan desencadenando la respuesta química automática que provocaba el comportamiento habitual.
Dentro de nosotros, existe un nivel de auto-conciencia que observa nuestros pensamientos. Debemos aprender a alejarnos de esos programas, y, cuando lo hagamos, conseguiremos dominarlos. Al final, tendremos el control de nuestros pensamientos, y con ello, nos desharemos de pensamientos que se habían grabado a fuego en nuestros cerebros.
El repaso mental estimula el desarrollo de nuevos circuitos cerebrales y cambia el funcionamiento de la mente y el cerebro.
Tras identificar los procesos de pensamiento habituales de los que quería deshacerme hay que mantener un nivel de conciencia donde hay que tener el control suficiente para interrumpir los pensamientos inconscientes. Ya no se activan los mismos circuitos neuronales.

Este planteamiento requiere un gran esfuerzo:
1.- Tomar la decisión de convertir este proceso en lo mas importante de tu vida, esto significa romper con los compromisos habituales… (Dejar de hacer las cosas que hacías antes).
2.- Sentarse cada día y reinventarse a si mismo. Cuanto mas se presta atención a los pensamientos, más fácil resulta este proceso.
Cada día nuestra percepción consciente esta involucrada en tres cosas:
1.- Somos conscientes de tener un cuerpo. Nuestro cerebro recibe información de lo que esta ocurriendo en el interior de nuestro cuerpo y sobre los estímulos que se reciben del medio ambiente, y nosotros describimos lo que siente el cuerpo en términos de sensaciones físicas.
2.- Somos conscientes de nuestro entorno. El espacio que nos rodea es nuestra conexión con la realidad externa; prestamos atención a las cosas, los objetos, la gente y los lugares que están a nuestro alrededor.
3.- Notamos la sensación del paso del tiempo; estructuramos nuestras vidas dentro del concepto del tiempo.

Cuando te concentras en tu interior mediante una contemplación auto reflexiva seria, cuando repasan mentalmente las nuevas posibilidades de la persona que puedes llegar a ser, son capaces de involucrarse tanto en lo que están pensando, que en ocasiones, su atención se distancia de su cuerpo y de su entorno, parece desdibujarse o desaparecer. Incluso el concepto de tiempo se desvanece. No se trata de que estén pensando en el tiempo, sino que en estos periodos, cuando abran los ojos, descubran que para lo que ellos habían sido un par de minutos eran en realidad horas. En esos momentos, no nos preocupamos por los problemas o sentimientos de dolor. Nos abstraemos de las sensaciones de nuestro cuerpo y de las asociaciones con todo lo que nos rodea. Podemos involucrarnos tato en el proceso creativo que nos olvidemos de nosotros mismos. Cuando este fenómeno tiene lugar, los individuos no son conscientes nada mas que de sus pensamientos. Lo único que es real es lo que están pensando. Abandonamos la asociación presente con el hecho de ser una persona, un “yo” o un “ego” y se convierta en un “nadie”.
El cerebro humano, a través del lóbulo frontal, posee la habilidad de bajar el volumen o incluso de desconectar los estimulos procedentes del cuerpo y del entorno, así como la percepción del tiempo.
Como seres humanos, tenemos el privilegio de hacer que nuestros pensamientos sean mas reales que ninguna ptra cosa, y cuando lo conseguimos, el cerebro graba esas impresiones en los pliegues mas profundos de su tejido. Dominar esta habilidad es lo que nos permite comenzar a cambiar nuestras mentes y nuestra vida.

El entrenamiento mental mediante la focalización y la meditación pueden cambiar la forma en que funciona el cerebro, y por tanto, cambiar la mente. Si el cerebro es el medio de los impulsos mentales conscientes e inconscientes y la mente es el producto final del cerebro, ¿que o quien esta cambiando el cerebro y la mente? La mente no puede cambiarse a si misma, porque la mente es el resultado del cerebro. La mente no puede cambiar el cerebro, ya que es el producto de este. Y el cerebro no puede cambiar el funcionamiento de la mente, ya que no es más que la parte física a través de la cual opera la mente. Por ultimo, el cerebro no puede cambiarse a si mismo, ya que carece de vida sin una fuerza en marcha que influya en la mente. Si el cerebro y la mente funcionan mejor juntas, mediante la practica de una habilidad consciente puede llegar a cambiar el funcionamiento interno del cerebro ¿que o quien esta cambiando el cerebro y la mente? La conciencia

viernes, 7 de agosto de 2009

Espiritu - Mente


El término mente se utiliza para representar el principio activo del espíritu, el cual le suministra a éste su energía creativa. Cuando el término va con mayúscula, se refiere a Dios o a Cristo (es decir, a la Mente de Dios o a la Mente de Cristo). El espíritu es el Pensamiento de Dios que Él creó semejante a Sí Mismo. El espíritu unificado es el único Hijo de Dios, o Cristo.
En este mundo, puesto que la mente está dividida, los Hijos de Dios parecen estar separados. Sus mentes, asimismo, no parecen estar unidas. En ese estado ilusorio, el concepto de una "mente individual" parece tener sentido. En el curso, por lo tanto, se describe a la mente como si consistiera de dos partes: el espíritu y el ego.
El espíritu es la parte que aún se mantiene en contacto con Dios a través del Espíritu Santo, Quien, aunque mora en esa parte, también ve la otra. No se usa el término "alma" excepto en citas directas de la Biblia, por ser un término sumamente polémico. En cualquier caso, sería un equivalente de "espíritu", entendiéndose que, al formar parte del ámbito de Dios, es eterna y nunca nació.
La otra parte de la mente es completamente ilusoria y sólo teje ilusiones. El espíritu conserva su potencial creativo, pero su Voluntad, que es la de Dios, parecerá estar cautiva mientras la mente no esté unificada. La creación continúa imperturbable porque esa es la Voluntad de Dios. Dicha Voluntad está siempre unificada, y, por lo tanto, no tiene significado en este mundo. No tiene grados ni opuestos.
La mente puede gozar de rectitud o estar errada, dependiendo de la Voz que escuche. La mentalidad recta escucha al Espíritu Santo, perdona al mundo, y en su lugar ve el mundo real a través de la visión de Cristo. Ésta es la visión final, la última percepción, la condición en la que Dios Mismo da el paso final. Ahí, al tiempo y a lo ilusorio les llega su fin.
La mentalidad errada escucha al ego y teje ilusiones; percibe el pecado, justifica la ira, y considera que la culpabilidad, la enfermedad y la muerte son reales. Tanto este mundo como el mundo real son ilusorios, pues la mentalidad recta simplemente pasa por alto - o perdona - lo que nunca ocurrió. Por lo tanto, la mentalidad recta no es la Mentalidad-Uno de la Mente de Cristo, Cuya Voluntad es una con la de Dios.
La única libertad que aún nos queda en este mundo es la libertad de elegir, y la elección es siempre entre dos alternativas o dos voces. La Voluntad no está involucrada en la percepción a ningún nivel, y no tiene nada que ver con el proceso de elegir. La conciencia es el mecanismo receptor, el cual recibe mensajes tanto del plano superior como del inferior, del Espíritu Santo o del ego. La conciencia tiene niveles y puede cambiar drásticamente de uno a otro, pero no puede transcender el dominio de lo perceptual. En su nivel más elevado, se vuelve consciente del mundo real, y puede ser entrenada para hacer eso cada vez con mayor frecuencia. Sin embargo, el hecho mismo de que tenga niveles y de que pueda ser entrenada demuestra que no puede alcanzar el conocimiento.

sábado, 27 de junio de 2009

Frecuencia Solfeggio,la música milagrosa


Estas frecuencias de sonidos eran originalmente usadas en los cantos gregorianos, tales como el gran himno a San Juan Bautista, así como otros himnos.Se creía que cuando se cantaban estos cantos se impartía una bendición y gracia especiales que ayudaban al desenvolvimiento de los rituales cristianos.Las frecuencias contenidas en estos cantos fueron redescubiertas por Dr Joseph Puleocomo se describe en el libro de Leonard Horowitz.Es una bendición para toda la humanidad el trabajo que han elaborado estas dos personas al devolvernos el tesoro de estas frecuencias.Las frecuencias solfeggio incluyen SEIS FRECUENCIAS:
UT – 396 Hz – Frecuencia para liberar el miedo y la culpabilidad.
RE – 417 Hz – Frecuencia para deshacer las situaciones y facilitar el cambio
MI – 528 Hz – Frecuenica para la transformación y los milagros .Reparación del ADN
FA – 639 Hz – Frecuencia para la conexión y las relaciones
SOL – 741 Hz – Frecuencia para el despertar de la intuición
LA – 852 Hz – Frecuencia para volver al orden espiritual
Por ejemplo la frecuencia 528 relacionada con de la nota MI sobre la escala y se deriva de la frase “Mi-ra gestorum” que en latin significa milagro.Sorprendentemente esta es la frecuencia exacta usada por los bioquímicos genéticos para reparar el DNA roto-es decir la huella genética sobre la cual se basa la vida!